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Una felación de cinco estrellas
Fecha: 01/01/2025, Categorías: Poesía Erótica, Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
... párpado derecho, dejándote bizca por unos segundos. Dos los diriges a la entrada de las fosas nasales. Otros dos los repartes por las mejillas. Y los últimos dos de la pedrea los diriges a la entrada del oído derecho amagando ser un auricular de teléfono y carcajeándote de tu propia ocurrencia. Pero te supo a poco y sin soltar la verga todavía, que está en sus últimos estertores, miras fijamente a la punta del capullo esperando algún resto más. De vez en cuando salen algunas gotitas que recoges pasando la punta de la lengua, lamiendo y lamiendo la entrada de la uretra. La polla estaba perdiendo consistencia, poco a poco iba adquiriendo cierta flacidez. Para sujetarla ya no hacen falta los cinco dedos. Con el pulgar, el índice y el llamado corazón te bastan, dándole un respiro al anular y al meñique… y sobre todo dándole un respiro a mi verga a la que le habían quedado las marcas de tus dedos y uñas. El semen se te iba deslizando por la cara. El esperma de la frente ya se unía al de las mejillas. De la boca escupías algunas babas mezcladas con mi lefa. En la barbilla se te formaron algunos hilillos de esperma que se posaban sobre mi bajo vientre y pubis. De las narices te salían los restos que habías introducido, daban el pego de ser moquillo. De la oreja derecha también un ligero hilillo se te iba escurriendo... y lo del párpado parecía una legaña ...
... mañanera. La cámara te agradece las muecas y carantoñas que pones. Relames los restos que te van llegaban a la comisura de los labios desde las diferentes partes de la cara. Pero sobre todo los “moquillos” que te bajan de la nariz. Utilizas mi rabo a modo de brocha para extender el “maquillaje” y la “mascarilla facial”, todo marca de la casa. Con dos dedos de la mano izquierda también te vas ayudando por la parte alta de la cara donde no puedes usar mi polla. Te encanta enamorar a la cámara. La lascivia con la que le sonríes, con toda la cara embadurnada con la peculiar “baba de caracol”, pone cachondo a cualquiera. Insistes otra vez en meterte el capullo en la boca para succionarlo más, por si alguna gota quedase dentro del conducto espermático desperdiciada. Ya no salió nada. Mi pene cada vez se iba pareciendo más a un gusanillo arrugado. Ahora solo utilizas el pulgar y el índice, a modo de pinzas y estiras mi miembro hacia arriba todo lo que puedes y hacia abajo. Hacia arriba otra vez... parecía un chicle ya. Por fin te dignas a soltarlo y coqueteas un poco más con la cámara. Recoges algunas babas mezcladas con mi lefa con las manos, alrededor de mis huevos y por el bajo vientre hay mucha, y te las metes en la boca. Haces gárgaras durante un minuto. Lo escupes todo sobre mi verga. Le guiñas un ojo a la cámara y decides ponerle fin a la sesión.