No soy como la mami, papi. – IV
Fecha: 27/03/2025,
Categorías:
Incesto
Intercambios
Sexo con Maduras
Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30
... maravillosa puta era mi hija, una verdadera marranita como siempre había querido que fuese. Carolina recogió con su lengua todos los fluidos que empapaban mi verga y mis bolas. Luego se encaramó a mirarme con su rostro y barbilla mojados, sus ojos parecían echar chispas:
—Papi … perdona si no te dije que ya me había hecho a mamá antes de follar contigo … quería que fuera un sorpresa para ti … espero te haya gustado … ahora que sé que eres un cerdo depravado … estoy más que segura que disfrutarás viendo a tu esposa y a tu hija que se chupan y lamen sus jugosos y sabrosos coños, ¿verdad? … me gustaría ver que magreas tu polla mientras nos mires … me gusta ver masturbarse a un hombre … pero por favor no te corras … queremos que luego nos folles con tu dura polla a ambas … queremos sentir tu pija en todos nuestros agujeritos, papi ….
Apenas terminó de hablar me guiñó un ojo y se levantó para dirigirse hacia su madre. Con grande placer entendí más tarde el significado de ese guiño que me había hecho.
Carolina se subió encima del cuerpo desnudo de su madre; las dos marranas inmediatamente se besaron en los labios y con sus lenguas lamieron sus mejillas. Sus manos viajaban por todas partes sobre sus cuerpo sudorosos y voluptuosos. Se palpaban sus rostros, sus caderas, aplastaban sus tetas entre sus cuerpos, pellizcaban sus pezones como dos putas calientes, gimiendo y susurrándose palabras soeces y cachondas.
Luego con un sincronismo único, sus manos se metieron entre ...
... sus piernas y acariciaron al unísono sus panochas mojadas. Hubo ruidos de chapoteos cuando sus dedos follaron sus empapados coños. En forma simultanea abrieron sus piernas al máximo, en un tácito invito para prodigarse las más perversas y cachondas caricias. Cuando los dedos penetraron sus coños, iniciaron a gemir y chillar sin dejar de besarse y lengüetearse.
Enmudecí con mi verga en mi mano, estaba gozando de un magnífico espectáculo que me llenaba la mente de lujuriosas elucubraciones, madre e hija entrelazadas con sus cuerpos desnudos, besándose apasionadamente, moviendo sus lenguas obscenamente intercambiando la saliva y con sus dedos perdidos profundamente en sus coños incestuosos. Me sentía embriagado de lascivia y a ratos creía morir de placer; en eso escuché a mi esposa susurrar a mi hija:
—Tesoro mío … te deseo … desde cuando me hiciste probar los milagros de tu lengua no dejo de pensar en eso … cariño, me estas transformando en una descarada puta lésbica …
Mi hija no necesitó más incitación e inmediatamente se colocó en posición para satisfacer los deseos de su madre. Para tal efecto, se arrodilló frente a ella, le levantó las piernas y se las separó ampliamente, luego se zambulló en la rosada rajita de hinchados labios de mi esposa. Se desencadenó un tsunami de chupadas y lamidas que hicieron chillar y gemir de placer a mi mujer.
—¡Oooohhhh! … ¡Uhmmmm! … ¡Carajo, hija! … ¡Ssiii! … ¡Ssiii! … ¡Qué rico qué me chupas! … ¡Ummmmmm! … ¡Aaahhh! … ¡Aaaahhhh! … ...