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Una aventura erótica con frutas
Fecha: 20/12/2025, Categorías: Hetero Autor: Milenia, Fuente: CuentoRelatos
Esta historia ocurrió hace unos años. Estaba aburrida en casa y me dispuse a entrar a Internet a conocer gente, amigos. Yo entré con mi nick, Milenia, cuando llamó mi atención un nombre, Dimas. Le envié un mensaje privado y él me contestó. Comenzamos la charla y fue tornándose muy agradable y divertida. Quedamos en vernos al día siguiente, y lo que en un principio era una amistad se transformó en una necesidad imperiosa de vernos, hablarnos, conocernos, saber cada vez más el uno del otro. Nos escribíamos muchos mails por día, nos encontrábamos siempre en ese chat; ya era casi de nuestra propiedad, de Milenia y Dimas. Luego fuimos más lejos, a los llamados telefónicos y aunque estábamos tan alejados el uno del otro ya que éramos de diferentes países, yo de Argentina y él de mucho más allá, de un hermoso país tropical, no nos importaba la distancia. A pesar de ella estábamos más unidos; luego nació la idea de conocernos personalmente, planeamos el viaje, y por fin llegó el gran día. Fui a buscarlo al aeropuerto, cuando por fin lo conocí, era como una aparición y nunca pensé que fuera tan bello; tenía el cabello dorado, con ojos color miel, unas enormes cejas que le daban un carácter especial a sus facciones, una boca bien formada. Nos miramos casi al instante y nos reconocimos. Los nervios de ese encuentro nos jugaban en contra, ¿Qué pensará de mí? ¿Le gustaré? Millones de dudas taladraban mi cabeza, y sospecho que a él le pasaba lo mismo. Tomamos un taxi y fuimos ...
... hacia la terminal ya que de allí partiríamos a un bello pueblo en el cual yo quería pasar esos espectaculares días junto a Dimas. Villa Rumipal, así se llama, es un lugar pacífico, las casas son coloridas tipo chalets, con techos a dos aguas, las calles de arena y piedras, salvo las avenidas principales, el pueblo desemboca en un bello lago llamado Los Molinos. Los días eran fabulosos, con un sol espléndido, el lago, Dimas y yo. Luego de llegar y de acomodarnos fuimos a dar un paseo; caminamos por la orilla del lago, Dimas me tomó la mano y entonces pude ver en persona su especial sonrisa, sus ojos tan expresivos, su tonada tan distinta de la mía; su voz era un canto, él me hablaba y yo me mareaba de tenerlo allí, tan cerca, tan palpable, tan real. Hacía mucho calor y lo único que teníamos era una heladera pequeña con un poco de ensalada de frutas. Invité a Dimas a dar un paseo en bote; cuando estuvimos dentro del bote, él se sacó la remera y comenzó a remar; yo observaba como se movían sus músculos cuando él realizaba el esfuerzo, era como si los dioses le hubiesen dado todas las cualidades masculinas juntas, él remaba en la dirección que yo le iba indicando, llegamos a un lugar que está alejado del mundo entero; es una bahía que está cerca de la usina eléctrica. Esa bahía está rodeada de montañas con mucha vegetación, mayormente compuesta por árboles inmensos, lo que le da un aire parecido a un bosque virgen, solo los pájaros lo habitan, también algunos patos que se ...