1. No tenía suerte con las mujeres hasta que...


    Fecha: 04/02/2026, Categorías: Incesto Autor: cunegundo, Fuente: CuentoRelatos

    ... la lleve a empujones hasta la cama. Allí le quité las bragas y me puse a chuparle el coño. Yo estaba excitadísimo y ella me miraba complaciente pero no estaba seguro de que estuviese disfrutando. ¡Quizá no lo estuviese haciendo bien!. Pero tampoco estaba molesta. Lo que quería sobre todo es hacerme disfrutar a mí.
    
    También le chupé el culo, aunque reconozco que me dio un poco de asco y tuve que dejarlo.
    
    Al día siguiente, me despertó mi madre, muy temprano. Vestida con la lencería negra. Mi padrastro ya se había marchado al trabajo.
    
    Mi madre acercó su boca a mi oído y me dijo lo siguiente:
    
    -En cierta ocasión un cliente me pidió un servicio especial.
    
    Yo estaba mudo.
    
    -Pero para ello debía estar en ayunas.
    
    Dicho esto, me bajó el pantalón del pijama y se metió mi polla en su boca. Chupándomela. No notaba sus dientes y sí su lengua que se movía vertiginosamente. También sentía una succión.
    
    -En aquella ocasión lo hice por dinero…
    
    Mi polla llegaba hasta el fondo de su garganta. Notaba calor, saliva, pegajosidades.
    
    -Pero ahora lo hago porque te quiero.
    
    Mi madre tosía de tan dentro como se la metía.
    
    -Y ahora agárrame la cabeza y haz que me tragué tu polla. Imagínate que soy una muñeca ...
    ... hinchable.
    
    Lo hice así. Haciendo que se atragantase. Que tuviese arcadas. Y los ojos le lloraban. Soltaba todo tipo de salivas, babas, mucosidades, jugos, pero no dejaba de mover la lengua. De cintura para abajo yo estaba completamente empapado.
    
    Me corrí como un chulo, gritando de placer y ella tomaba aire.
    
    Caí exhausto sobre la cama y me quedé dormido.
    
    Al despertarme mi madre seguía tumbada a mi lado. Llevaba las bragas quitadas.
    
    -Termina -me dijo.
    
    La penetré. Su vagina estaba empapadísima. Veía su cara con los brazos apoyados. No quería juntar mi cara con la suya. Me daba asco. ¡Como movía sus caderas! Y su rostro permanecía inmutable. No pude aguantar más y mi cuerpo cayó sobre el de ella. Notaba su respiración. Ella tomaba la iniciativa moviéndose todo el rato. Yo no hacía nada. Sus piernas con sus muslos ajamonados me atraparon. Sentí que se estremecía. Había tenido un orgasmo con un jadeo que finalizó en un pequeño gemido.
    
    -Esto sí que no me pasó con aquel hombre.
    
    Yo también me corrí. El que ahora no podía casi respirar era yo.
    
    Salimos de la cama.
    
    -No vuelvas más con esa mujer -me dijo mi madre- ¡Y para puta yo!… a darte una ducha.
    
    Desde entonces ya no sufro tanto con las mujeres. 
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