1. Ayudando a nuestros mayores


    Fecha: 14/02/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Dani_Rios, Fuente: RelatosEróticos

    Mañana empiezo mi jornada laboral, por fin! Estoy hasta las narices de estar en casa, matándome a pajas. A raiz del motivo de mi despido del anterior trabajo, no hago otra cosa.
    
    Vereis, yo era instructor de aquagym y a parte, tambien me dedicaba a la rehabilitación para personas de edad avanzada.
    
    Un día llegó a clase una señora nueva, Marcela, si no recuerdo mal su nombre. Era una mujer de unos 70 años aproximadamente, pelo cortito y canoso, algo gordita y de metro 60.
    
    No pude evitar fijarme en todas sus curvas, en su culo, en sus tetas caídas y rechonchas y cómo no, en cómo se le marcaba la raja del su gordito coño, realmente se le marcaba bastante.
    
    No sé porqué ella, pero me ponía demasiado cachondo. Durante la clase intentaba no mirarla mucho, pero era una tarea complicada, ya que se me estaba empezando a poner morcillona.
    
    De hecho llegué a empalmarme delante de todas aquellas señoras mayores, aunque sentí algo de incomodidad y apuro, decidí continuar con la clase, no me quedaba de otra.
    
    Al acabar, me quede recogiendo los churros y los flotadores mientras escuchaba los cuchicheos de las señoras irse por la puerta.
    
    Ya casi terminando de recoger escucho una voz: -Dani, siento no haberte avisado antes de empezar la clase, pero la chica nueva necesita una sesión de rehabilitación contigo.
    
    No me lo podía creer, sabía a quien se refería mi jefa y solo de pensar en estar con ella a solas, con la piscina para nosotros solos, tocando su piel, agarrándola ...
    ... con cariño… no podía esperar más.
    
    Cuando estabamos en medio de la sesión, Marcela aprovechaba para rozarse en mi regazo cuando podía, estaba claro que el churro que llevaba en la cintura y la boya roja que llevaba a sus espaldas no iban a ser un impedimento para ponerme la polla dura, otra vez.
    
    Al ver que la señora quería roce, no me lo pensé dos veces y yo tambien empecé a rozar mi polla entre sus nalgas cuando podía.
    
    Sin rodeos, Marcela se dio la media vuelta y mientras me cogía el paquete con una mano y con la otra sujetaba aquel churro molesto de gomaespuma, me dijo:
    
    -«Hijo, hace mucho que no toco una polla y con lo dura que la tienes podríamos aliviarnos los dos, no opinas? Además has tenido que pasarlo bastante mal hoy en clase, sin poder aliviarte en toda la hora mientras mirabas mis tetas.»
    
    Madre mia, no podía hablar, ni pensar en nada más que no fuera follarla allí mismo.
    
    No hablé, la besé. Empecé por los labios y seguí hasta llegar al cuello mientras le cogía del culo. Mis manos no podían parar de tocarla mientras la besaba.
    
    Qué tetas tenía, dios! Empecé a chupárselas y ansiosa de polla, me bajó el bañador para pajearme.
    
    – «Fóllame Daniel, que estoy cachonda perdida y no puedo más.»
    
    Se dio otra media vuelta, ya dándome la espalda, se colocó el churro en la cintura, se apoyó en el poyete de la piscina y yo antes de que hiciera nada, agarrándola por la cintura y abriéndola de piernas, le dijé al oído:
    
    – «Te voy a follar todo lo que tú ...
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