1. El viejo y la arqueóloga parte 1


    Fecha: 22/02/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Lanfasone1, Fuente: TodoRelatos

    EL VIEJO Y LA ARQUEÓLOGA Parte 1
    
    La verdad es que no me hacía ni puta gracia pasarme unas semanas de junio en un pueblecillo cerca de Granada, por el calor y porque allí no había nada.
    
    Bueno, si había algo en Castellones de Cerrillo, ruinas, de una ciudad fortaleza Ibérica del siglo VII antes de cristo y aparentemente unas cuevas del periodo neolítico que todavía estaban sin explorar, este último dato no estaba confirmado, era un rumor que había llegado a oídos de Elena.
    
    Supongo que era el precio de haberme casado con una arqueóloga.
    
    La recompensa estaba a la vista, la miraba a mi lado con su vestido de noche, guapa, guapa de cojones, elegante, refinada.
    
    Y estaba muy buena además.
    
    El pelo negro como ala de cuervo, lacio, cortado en media melena por los hombros y su cara de morena guapa y refinada, bien española, los rasgos perfectos y delineados con un pincel muy fino, los ojos negros, rasgados con delicadas cejas por encima y largas pestañas, el cuello grácil, los pómulos marcados, la boca carnosa en forma de corazón.
    
    Elena tenía 34 años y teníamos dos hijos de seis años y ocho años, niño y niña.
    
    Estábamos en una gala benéfica para el instituto arqueológico de Córdoba.
    
    _Es increíble todo lo que queda por descubrir todavía_ dijo Jorge, un hombre de unos cincuenta años que trabajaba con Elena en la Universidad.
    
    _No veo la hora de estar en el campo_ dijo mi esposa y bebió de su copa de vino, su manos eran morenas, alargadas, finas y ...
    ... delicadas.
    
    _ Bueno, queda mucho terreno virgen todavía allí, aunque yo creo que lo más denso ya ha sido descubierto_
    
    _ Sí, pero mira el dique de Hinojares, parecía que ya estaba todo y luego hace cinco años se hizo ese último hallazgo que ha sido maravilloso_ dijo Elena
    
    _Siempre quedan tesoros por descubrir, solo hay que tener fe_ dijo Jorge
    
    Y yo creo que el cabrón lo decía por mi esposa, pues sus ojos se perdieron y divagaron por el profundo escote donde asomaban las increíbles tetazas de mi mujer.
    
    No eran tetazas para que anduviera portando una arqueóloga, eran exageradas de tamaño para ese cuerpo tan flexible y delgado, con esos pezones oscuros como secretos botones del placer.
    
    Las areolas como rosetas marrón claro, grandes, generosas y la fina piel donde se traslucían venillas azules y algún lunar exquisito.
    
    Elena había bebido tal vez un poco de más, la reconocía en un estado de cierta liviandad de espíritu que no era lo más habitual en ella, siempre muy preocupada por los quehaceres y los deberes, demasiado responsable y previsora por momentos.
    
    Pero cuando bebía unas copas de vino y se relajaba y había en su hermoso rostro algo así como una media sonrisa pícara, sabía yo que estaba en ese estado de gracia tan especial que presagiaba buenos momentos, me daba cuenta por el velo que solía cubrir sus ojos negros, pero de un negro que brillaba como hecho de agua.
    
    Esa noche follamos y la sentía entregada y dispuesta lo cual no solía ocurrir muy seguido.
    
    No es ...
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