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    Fecha: 01/03/2026, Categorías: Incesto Autor: fuego de Hefesto, Fuente: TodoRelatos

    ... lo demás no me importaría.
    
    – Mi amiga especial y mi madre… sería un trío curioso e inédito para todos.
    
    Hubo un silencio de unos segundos.
    
    – ¿Sabes qué, Rebeca? Hazlo si quieres
    
    – ¿Sí? ¿Estás seguro?
    
    – No es algo muy normal, pero… todo queda en familia y si las dos queréis…
    
    Total, pensé, yo ya me estoy tirado meses atrás, si a esa relación de implementamos a mi amiga... Rebeca sonrió, pero yo tenía algo más que decir…
    
    – Me gustaría estar presente… quiero ver como os lo montáis las mujeres… por curiosidad.
    
    Ese fin de semana de después llegó el gran momento, ambas habían aceptado sin ningún impedimento. Rebeca durante el trascurso del día me había reconocido que estaba un poco nerviosa ya que no quería quedar mal con mi madre, yo le había tranquilizado diciéndole que ya se conocían y que no iba a quedar mal. Cada uno comimos en nuestras respectivas familias y quedamos en que se acercara a casa a eso de la 8 de tarde para cenar los tres juntos. Rebeca fue puntual.
    
    Esa tarde mi madre me tiene muy liado con las compras. Que si vamos a la pescadería, que si vamos a la carnicería y que si vamos a la frutería. Yo solo quiero estar en casa, parezco un friki. El caso es que se levantó temprano de la siesta, sobre las cuatro o así al oírla trastear en la cocina y luego meterse en la ducha. A los cinco minutos me llama.
    
    – Hijo, me he dejado la toalla fuera. ¿Puedes traérmela?
    
    «Joder mamá, que pesada eres» pienso. «Por qué te arreglas tan pronto, ...
    ... ¿eh?»
    
    – Ya voy, le digo.
    
    Cojo la toalla y se la llevo, abro un poco la puerta para ser discreto. Pero ella me invita a entrar. Ha abierto la mampara de la ducha y el agua la cubre por completo perlando su piel. Esta de frente a mí en pelotas. Su chocho de pilado y sus tetas apuntándome a mí. Lo lleva recién depilado la maquilla que me ha cogido prestada está en la alacena de la ducha.
    
    Estira la mano y coge la toalla sin poder evitar mirar su coño pelado.
    
    – Gracias hijo. Te he cogido tu maquinilla prestada… no te importa, ¿verdad?
    
    Yo me he puesto cachondo al verla así y mi polla se pone dura enseguida. Mi madre se empieza a secar sin cerrar la mampara y a mí me ha dado un calentón tremendo. Me bajo el pantalón y el calzoncillo y no se me ocurre otra cosa que pensar en cascármela en el baño, pero me reservo y solo me pongo a mear, tiro de la cadena mientras ella sigue secándose. Imagino que me estado mirando mientras estaba meando. Me he limpiado bien, es algo que me enseñó mi madre para que no manchara los calzoncillos, ya que siempre salen unas gotas de orina después de mear, aunque te sacudas bien.
    
    Más tarde desayuno y mi madre me comenta que quiere que yo le acompañe al súper, me necesita.
    
    – Es sábado y es tarde por lo que no encontraremos casi gente.
    
    La miro serio, no me apetece mucho el plan, pero si queremos dar una cena digna debo sucumbir.
    
    – Anda, acompáñame. Luego te dejaré vía libre para lo que quieras de mí… ya me entiendes.
    
    Me enseña una lista ...
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