1. Promoción del 93. Capítulo 40


    Fecha: 02/03/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos

    La brisa nocturna entraba por la rendija de la persiana y jugaba con la cortina, como si quisiera acunar la habitación. Marisa dormía profundamente, acurrucada contra el pecho de Félix, con la mano reposando suavemente sobre su abdomen, como una niña agotada por un día perfecto. Su respiración era pausada, cálida, tranquila. Félix le acariciaba el cabello sin pensar, como si el gesto le ayudara a encajar en aquella escena.
    
    Y sin embargo, no dormía.
    
    El insomnio se le había colado por dentro como una vieja costumbre. A veces no necesitaba más que el silencio para activarse. Le había pasado muchas noches, incluso en momentos de calma aparente. Solo cuando hacía el amor con Aurora —y era amor, se decía ahora—, dormía sin pensar, con esa seguridad que dan las cosas que parecen destinadas.
    
    Aurora.
    
    Se le aparecía en la oscuridad con una nitidez perturbadora. La recordaba en la cocina, con una copa de vino mientras preparaba algo improvisado; en el sofá, envueltos en una manta viendo una película malísima que ella insistía en terminar; en su cama, riendo justo después de apagar la lámpara. Recordaba incluso cómo usaba diminutivos al hablar de su hija, "Aurori", esa adolescente que nunca fue suya pero con la que había sentido una ternura fraternal, casi paternal. Todo eso, lo supo tarde, le había hecho creer que formaban algo parecido a una familia.
    
    Y ahora estaba allí, con Marisa.
    
    La dulce Marisa. Tierna, luminosa, ...
    ... espontánea. Su joven compañera de trabajo y ahora compañera de cama, de viaje, quizás de más cosas. Y él… ¿qué podía darle él?
    
    Pensó en lo que vendría después. En el verano que terminaría. En los lunes. En el cansancio que no perdona. En las preguntas no hechas.
    
    ¿Y si ella, con el tiempo, quisiera tener hijos?
    
    No podía imaginarse en la dinámica de biberones, noches sin dormir, colegios y parques. Se sentía agotado solo de pensarlo. No quería romperle el corazón, no quería cortar un deseo que aún no se había formulado, pero que bien podría surgir. ¿Sería egoísmo? ¿O miedo?
    
    Marisa merecía un futuro lleno, no uno condicionado por las renuncias de alguien mayor. No era justo para ella, se repetía. Pero también, ¿no era injusto negarle la posibilidad de elegir?
    
    Se volvió ligeramente hacia ella. Marisa murmuró algo entre sueños y se pegó aún más, como si pudiera sentir su desconcierto. Félix la besó en la frente con un cuidado que dolía. Allí estaba, la ternura. El cariño inmenso. Pero no sabía aún si eso bastaría.
    
    A veces pensaba que era un cobarde. ¿No había sido maravilloso aquel día, rematado con uno de los mejores polvos de su vida como para negarse a seguir adelante?
    
    Se quedó así, con los ojos abiertos en la penumbra, escuchando su respiración, imaginando dos futuros posibles: uno con ella, incierto pero lleno de promesas; otro, solo, con su memoria como único consuelo.
    
    Y la noche avanzó, silenciosa, sin resolverle nada. 
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