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Amiga de secundaria
Fecha: 07/03/2026, Categorías: Jovenes, Autor: jhonatanL, Fuente: RelatosEróticos
... baje las manos a sus shorts y meti los dedos por dentro de su tanga. Pana, estaba empapada. Caliente y mojada como nunca. Sentir su cuca tan humeda, tan calientita, hizo que mi verga palpitara aun mas. Le empece a masajear el clitoris con los dedos, haciendo circulos, y ella se retorcía en mis brazos, gimiendo mas fuerte, enterrando la cara en mi cuello. —Chupamela, Rosi —le dije al oído, con la voz ronca del morbo que me carcomía—. Por favor, quiero sentir tu boquita. Ella ni lo pensó. Se bajó de la roca y se arrodilló frente a mí, en la tierra. Con manos temblorosas me abrió el pantalón y me sacó la verga. Estaba dura, palpitando, y las venas se le marcaban de lo excitado que estaba. Ella la miró con unos ojos llenos de deseo y luego me miró a mí, como pidiendo permiso. Le di una sonrisa y ella no esperó más. Abrió su boca y se la tragó entera. Mierda, nunca había sentido una mamada tan buena. Movía la lengua alrededor del glande, chupaba fuerte las bolas, se metía toda mi verga hasta la garganta y volvía a subir. Los sonidos que hacía eran lo más excitante que he escuchado en mi vida, unos gemidos ahogados cada vez que yo le metía mas. Le agarraba la cabeza y se la empujaba hacia mi verga, y ella no se quejaba, al contrario, se excitaba más. Tenía las lágrimas en los ojos de tanto esfuerzo pero no paraba. Yo ya estaba al borde, tenía que parar si quería cogerla bien. La levanté y la puse contra la roca grande. Ella entendió al instante. Subió un pie sobre una ...
... piedra más pequeña, abriéndose completamente para mí. Le bajé los shorts junto con su tanga, hasta las rodillas, y ahí estaba, su cuca perfecta, depilada, rosadita y brillando con sus propios jugos bajo la luz que se filtraba entre los árboles. Era una vista que me volvió loco. Escupí en mi mano y se lo restregué por todo ese coñito hinchado de placer, y luego escupí directamente en su culo. Le metí un dedo en ese asterisco tan apretado mientras con la otra mano guiaba mi verga hacia su entrada. —¿Estás segura? —le pregunté, por última vez. —Metemela toda, Jhonatan —gimió, empujando sus nalgas hacia mí—. Por favor, te lo suplico. No me lo tuve que decir dos veces. Le apoye la punta en la entrada y de un empujón se la metí entera. Los dos gritamos al mismo tiempo. Ella de placer, yo de lo increíblemente caliente y apretada que estaba. Empecé a moverme lento al principio, sintiendo cada uno de sus pliegues, cada contracción. Pero el morbo y la adrenalina de estar ahí, al aire libre, con el riesgo de que alguien nos pudiera ver, me enloquecieron. Agarré sus caderas con fuerza y empecé a cogerla como un animal, duro y rápido, sintiendo como sus nalgas chocaban contra mi pelvis. El sonido de nuestros cuerpos sudorosos pegándose se mezclaba con sus gemidos y mis gruñidos. —¡Sí, papi, así! ¡Dame más duro! —gritaba ella, algo que nunca imagine que diría. La sacaba casi por completo y volvía a enterrarla hasta el fondo. Con una mano le agarraba el pelo y con la otra le ...