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Azafata de vuelo
Fecha: 28/03/2026, Categorías: Infidelidad Autor: fuego de Hefesto, Fuente: TodoRelatos
... apretarse más a mí haciéndome conocer su vientre pegado a mi trasero. Maldito cabrón, sin duda quería hacérmelo allí mismo y yo estaba dispuesta a todo. Abriendo más las piernas, así se lo hice saber elevando mis nalgas en puntillas como me encontraba. - ¡Qué buena puta estás hecha! ¡Qué corrida más buena has tenido y sigues queriendo más! Mirándole imagino con ojos de pura satisfacción, me lancé a por el hombre buscándole la entrepierna con las manos. Algo duro y de tamaño más que respetable encontré, sonriéndole maliciosa y ufana al remover los dedillos por encima del oscuro pantalón. - ¡Hazme el amor, hazme el amor… no aguanto más! –las manos plantadas una vez más en mi culo para llevarme a su boca, a la que me amorré como si me faltara el aliento. Me costaba tanto callar todo el deseo que me corría el cuerpo. Moría porque me hiciera suya, por ser poseída de manera salvaje y tota, bajándose a mis pies nuevamente, agarró con los dedos la fina tirilla de la braguita. Haciéndola caer piernas abajo y doblándolas yo para permitir que escapara entre mis pies. El capitán se dedicó a darme tormento, jugando con su boca y sus dedos a lo largo de toda la sensible zona. ¡Me tenía loca con cada lengüetazo en el coño que me daba! Abriendo los cachetes, con los dedos comenzó a trabajarme la entrada de la vulva, tratando de entrar en ella. Aguanté la respiración de la mejor manera que pude, respirando acelerada bajo el empuje del dedo que comenzaba a querer hundirse ...
... labios adentro. Metiéndolo ahora sí, entre mis quejas ahogadas de puro lamento. Follándome adentro y afuera y besándome el trasero con sus labios pertinaces, parecía querer hacer crecer el suplicio para mí. - Por favor sigue, sigue… no te pares canallaaaa… El hilillo de voz llenaba la estancia, pudiéndose reconocer mis tímidas quejas cada vez que me lo hacía. Sacándolo, un beso recibí en la nalga respingona mientras las manos se empapaban de lo sinuoso de mis piernas bajándolas y subiéndolas de manera sensual. De pie junto a mi espalda, me agaché yo ahora. Era el turno de hacerle sufrir lo que él había hecho conmigo. La mano pasando y repasando sobre el tentador y apetecible bulto, llevé la boca al pantalón dedicándole un pequeño besito de confianza. Entre los dedos, con urgencia traté de soltarle el cinturón y luego la cremallera fue tirada hacia abajo sin más dilación. Deseaba tanto probarlo, reconocerlo y disfrutar la turgencia y extensión de ese falo veterano que tantas habían probado y alababan sin mesura. Con la boca abierta lo vi saltar hacia delante. Grueso, firme y con la piel echada atrás, confundiéndose todo el tronco en una viga continua sin apreciar el corte del prepucio. Esa tranca me recibió ufana y orgullosa en su tremendo tamaño, incapaz de cubrirlo con ambas manos, dejando el capullo al aire. Con la mano lo tomé y con un gruñido satisfecho me lo llevé a la boca, comenzando a lamerlo con suavidad extrema. La lengua resbalando a lo largo del tallo hasta ...