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Con Sonia en su casa (parte 1)
Fecha: 10/04/2026, Categorías: Hetero Autor: glupo, Fuente: CuentoRelatos
... mientras me masturbaba. Luego me comenzó a masturbar y se metió mis testículos en la boca. La levanté, la besé con fuerza, parecía que no nos hubiéramos besado en años. Y así, parados, nos comenzamos a besar y frotar. Frotaba mi pene contra su vagina. Mi pene comenzaba a mojarse con lo húmeda que estaba. La cargué y en esa posición se la metí de golpe. En esa posición, con mi pinga completamente dentro de su concha, caímos en la cama. Se la metía con fuerza, ella subía y bajaba sus caderas para estimular más su clítoris con mis embestidas. Era brutal. Sentía como mi pene ingresaba con facilidad y se mojaba completamente, ella gemía y yo estaba disfrutando amasando sus tetas con mis dos manos, mientras lamia sus duros pezones. Ella comenzó a frotar mi espalda y a arañármela, estábamos desesperados. La cargué y me senté en el borde de la cama, ella encima mío rodeándome la cintura con sus piernas y el cuello con sus brazos. Nos besábamos, jugando con nuestras lenguas. Ella movía sus caderas de adelante a atrás. En esta pose, su clítoris se frotaba con mi pelvis y sus tetas con mi pecho. Comenzó a gemir. -¡Me voy a venir, mi amor! –gritaba– ¡que rica se siente tu pinga! ¡así, así!!! ¡No pares! –Y comenzó a convulsionar, corriéndose y empapando mis muslos. Nos paramos, fuimos hacia la mampara, la apoyé en ella, apretando sus tetas contra el vidrio. Me coloqué detrás de ella y se la metí con fuerza. Sentía sus nalgas rebotar en mi cuerpo, ella seguía gimiendo, ...
... pidiéndome que no pare. Le abrí las nalgas, dejando al descubierto ese precioso ano, el cual nunca había podido penetrar. Comencé a jugar con la entrada de su ano, le metí un dedo, previamente ensalivado. Ella no se opuso. Ya le había metido antes hasta dos dedos, pero nunca se llegó a atrever a entregármelo. Cuando ya tuve dos dedos dentro de su ano, comencé a bombearla con mucha fuerza. Ella gemía con fuerza, casi gritaba. Yo ya no me controlaba para nada. Lo único que quería era darle con más fuerza. Le metía y sacaba los dedos del culo rápidamente. Ella se frotaba el clítoris y comenzó a venirse por segunda vez. -¡me vas a hacer venir otra vez mi amor! ¡sigue! –gritaba mientras su concha se mojaba y sus jugos chorreaban por sus muslos. -¡yo también me voy a venir mi amor!!! –le dije, embistiéndola cada vez más fuerte. -Tírame tu leche en la cara por favor –me dijo. Se la saque de la concha, ella se arrodillo frente a mí y comenzó a masturbarme mientras lamia la punta de mi pinga y la succionaba. -¡ya viene!!! –le dije casi gritando– se la saco y de pronto salieron varios chorros de espeso semen que cayeron por toda su cara, salpicando la mampara y la alfombra del piso. Nos recostamos en la cama, ella apoyada en mi pecho, abrazándonos. Estuvimos un rato así, tratando de recuperar el aire. Después de unos minutos, levanto la cabeza y nos besamos tiernamente. -Te amo –le dije, mirándole a los ojos. -Yo también mi amor –respondió ella. Nos quedamos echados ...