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Once hombres y una lluvia de leche
Fecha: 17/04/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Analya, Fuente: CuentoRelatos
Una chica aparece de manera inesperada en mi Messenger. Enseguida que nos presentamos e intercambiamos un par de palabras, la atmósfera ya se había transformado en un hervidero. No tardamos mucho en calentarnos y en solo cinco minutos nos tratábamos como dos putas de las mejores. La mirada que transmitía su foto excitaba irremediablemente. Su nombre era Laia y los pechos y su culito eran su mejor arma de seducción, aunque lo mejor era la sensualidad que irradiaba ante cala palabra ardiente que recibía. Unos días después comenzamos a contarnos nuestras fantasías más perversas. Ella deseaba estar con una mujer y mientras le contaba mis experiencias, me dijo de manera directa “En verdad mi mayor fantasía es estar contigo y con diez machos que me llenen el cuerpo de leche”. La imaginación volaba rápido en nuestras cabezas y al otro día lo conversamos como una posibilidad para intentar convertirla en realidad. Teníamos algo más de cien kilómetros para recorrer y juntarnos; solo faltaba lo más importante: conseguir muchos hombres dispuestos. La idea era que sean todos desconocidos sumados al tío de ella, con el que se acostaba seguido y a quien deseaba hacer partícipe. Pensamos que el contacto sería mejor hacerlo por internet y yo misma ingresé en algunas páginas poniendo un aviso que discriminaba la búsqueda a chicos de 25 a 30 años de buen cuerpo y con una dotación de miembro importante (eso era imprescindible). Para esa averiguación abrí una cuenta de mail ...
... especialmente para agregar a los contactos que iba sumando. Sabía que encontraría muchos candidatos, pero no supuse que en solo una semana habría 50 fotos de penes de todos los colores y tamaños. Arreglamos con Laila seleccionar 20 hombres para luego conversar en el Messenger y quedarnos con los 10 definitivos, nuestro equipo para combatir los bajos instintos sexuales. Todavía faltaba arreglar el lugar y el día. Después de averiguar bien conseguí la casa de unos tíos alejada del ruido de la ciudad. Cuando terminé de arreglar todo e invitar a todos lo hombres, Laia comenzó a sentir un poco de vergüenza y dudo en principio de la aventar. Tenía miedo y algo de timidez, cosa que no había demostrado hasta ese momento en nuestras charlas calientes. —Mira –le dije– vas a tener 11 vergas que te darán por el culito como a ti te gusta y seguramente no lo repetirás nunca en tu vida. Mi convencimiento, casi una advertencia, dio resultado. Al otro día ya estábamos las dos sola ansiosas, esperando en la cabaña a nuestros invitados. Mi amiga era más bonita que en la foto. Estaba vestida con un buen escote y un pantalón negro bien ajustado que marcaba sus hermosas caderas. —Sabes Any, eres encantadora, —dijo ella. No tardo un segundo en acercar sus labios con los míos. Nuestras lenguas jugaron con ansiedad y locura. Minutos después mis manos desvestían sus tetas con premura y los amasaban con ternura y salvajismo… Ya se escuchaban los primeros gemidos de mi amiga cuando sonó el timbre ...