1. Probador prohibido: Vestido nuevo y orgasmo 2


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Lesbianas Autor: ExpuestaFem, Fuente: TodoRelatos

    Entré a la boutique con la piel erizada y el pulso acelerado. El vestido rojo ceñido al cuerpo me hacía sentir un imán de miradas, aunque sabía que hoy nadie me vería como siempre. No llevaba ropa interior. Nada. Solo esa sensación húmeda y ardiente entre mis piernas que me pedía jugar, provocar, encender.
    
    La asesora de imagen me saludó con una sonrisa profesional, pero su mirada no pudo ocultar el fuego que despertaba en ella. Su moño perfecto, la blusa ajustada y esa falda que marcaba sus curvas discretas me hicieron querer devorarla con la mirada. Sentí cómo me temblaban las piernas.
    
    —¿En qué puedo ayudarte hoy? —dijo con voz suave, un susurro que parecía acariciar mi piel.
    
    —Quiero algo atrevido… elegante pero corto, provocador —le respondí, conteniendo un suspiro que traicionaba mi deseo.
    
    Vi cómo tragó saliva, y la invitación que me hizo para seguirla hasta el probador privado se sintió como el inicio de un juego peligroso.
    
    Me mostró un vestido de seda marfil, delicado, con tirantes finos y un escote tan profundo que prometía revelar secretos. Lo tomé entre mis manos, el tacto suave me erizó la piel, y la miré a los ojos.
    
    —¿Puedes quedarte? Tal vez necesite ajustes…
    
    Ella asintió, aunque el temblor en sus labios delató que no esperaba lo que vendría.
    
    Me desnudé lentamente, dejando caer el vestido rojo al suelo. En el espejo, vi cómo sus ojos se clavaban en mis hombros desnudos, mis pechos firmes y los pezones duros que ya se marcaban a través de ...
    ... la seda. Mi respiración se volvió más pesada al saber que la excitación era mutua.
    
    Mi vulva, limpia y húmeda, estaba a la vista, y su rostro se tornó rojo cuando le pregunté con voz inocente pero cargada de veneno:
    
    —¿Te molesta que no lleve ropa interior?
    
    —N-no, para nada —balbuceó ella, bajando la mirada—. Solo que… no lo esperaba.
    
    —A veces hay que dejarse sorprender, ¿no?
    
    Sentí su aliento cerca cuando comenzó a tomarme las medidas. El roce del metro sobre mi piel rozó un pezón, y no me moví. Quería que supiera lo que despertaba en mí, que se perdiera en la tentación.
    
    —¿Podrías hacer la falda más corta? —le pedí con un tono casi desafiante.
    
    Se arrodilló para medir, y en ese momento pude ver cómo su mirada se perdía entre mis muslos. El calor subió hasta mi cara, y un cosquilleo recorrió mi vientre cuando sentí su aliento rozar mi sexo. Mi cuerpo respondió con un estremecimiento.
    
    —¿Te excita? —pregunté, queriendo escuchar su verdad.
    
    Ella no respondió, pero no hacía falta.
    
    Con un movimiento lento, bajé los tirantes del vestido, dejando mi espalda y pecho completamente al descubierto. La seda cayó al suelo y me quedé desnuda frente a ella, con el corazón latiendo a mil.
    
    —¿No te gusto? —le dije con una sonrisa que sabía provocativa.
    
    Sus ojos brillaron y murmuró:
    
    —Me gustas... muchísimo. Eres hermosa.
    
    Mordiéndome los labios, me giré despacio para mostrarle todo, inclinando un poco mi dorso para revelar mis tetas de pezones chocolate duro, ...
«123»