-
Amores imposibles
Fecha: 29/04/2026, Categorías: Gays Autor: escritorprin, Fuente: TodoRelatos
... nos explicó un poco su labor en los barrios más deprimidos del sur de Madrid. De hecho, en esas estabas cuando miró como detrás de nosotros, paró la conversación y empezó a hacer señas. Al mirarle extrañados, nos aclaró la situación: -Perdonad, es que estoy avisando a mi amigo que viene por ahí. Lo dejé tirado hace como una hora y ya viene por ahí – comentó riéndose y señalando a alguien tras nosotros. Nos giramos tanto Álvaro como yo para saludar al amigo de Carlos cuando, al enfocarlo a pocos metros de nosotros, y observarlo sin parpadear apenas mientras se acercaba, tuve una sensación muy extraña, muy rara, algo que jamás me había pasado al mirar a otro hombre: sentí una atracción brutal a simple vista. Por primera vez, y me di cuenta cuando estaba cada vez más cerca de mí, estaba mirando a un hombre no simplemente con admiración por su físico, algo habitual entre heterosexuales, sino también con algo de deseo y lujuria, un pensamiento que tenía en mente y que deseché completamente cuando ya estaba frente a nosotros. -Os presento chicos, este mi amigo Guille. Y estos son Álvaro y Ferrán, dos amigos de Luis. -Ey, qué pasa muchachos, ¿cómo estamos? – dijo Guille con un acento que indudablemente delataba que era canario. Joder, ¡qué buenos está y qué acentazo tan sexy! – pensé sin poder evitarlo. Parado como una estatua y dándole vuelta a los miles de pensamientos que se agolpaban en mi cabeza estaba cuando sentí que todos me miraban y que nadie ...
... reaccionaba porque ahí estaba Guille con la mano erguida esperando mi saludo y yo no había reaccionado por estar totalmente atontado mirándole. -Joder, perdón, me he quedado empanado – dije muy rojo de vergüenza dándole la mano – encantado, yo Ferrán. -Nada, bro. No pasa nada, es normal, ya no son horas de estar atentos a estas presentaciones formales– dijo Guille con una media sonrisa de chulo pintada en la cara que me hizo temblar las piernas. Yo sin poder articular palabra solo podía mirarle de la manera más disimulada que podía, que intuyo que, joder, joder, no era muy disimulada que digamos. Al verlo de cerca y de manera detenida, supe que era notablemente más alto que yo, como 1,90 m mínimo, con un pelo cortado estilo militar que le daba un aspecto de tío duro y con una piel muy morena, muy típica de los isleños. Encima, por encima de su camiseta blanca se le intuía un cuerpo demasiado bien formado, muy musculoso, típico de los que se matan haciendo muchísimo deporte con una buenísima genética. Además, varios tatuajes le llenaban por completo el brazo derecho. No obstante, lo que más me impresionó al verlo fueron dos rasgos concretos: unos enormes ojazos negros azabache que casi no se veían y una sonrisa de cabrón perdona vidas con unos labios muy carnosos y unos dientes perfectos. -Ey, Ferri (así me llamaban a veces de cariño mis colegas), vamos a pillar las últimas copas a la barra, ¿te vienes? – dijo Álvaro al que seguían Luis y Carlos. Me costó procesar la ...