-
Málaga: deseo público, sudor y sexo
Fecha: 18/05/2026, Categorías: Voyerismo Autor: ExpuestaFem, Fuente: TodoRelatos
... para escondernos. Apenas quedamos cubiertos por la sombra, me empujó suavemente contra la pared y volvió a besarme. Esta vez no hubo contención. Su boca reclamaba la mía con urgencia, su lengua exploraba cada rincón mientras una de sus manos se deslizaba por mi espalda, apretándome contra su cuerpo. Podía sentir su hombría, dura, palpitante, presionando contra mi vientre, y un gemido bajo se escapó de mi garganta, ahogado entre nuestros labios. Mis manos buscaban desesperadas su cuello, su espalda, como si necesitara anclarme para no caer rendida al torbellino que me arrastraba. Él se apartó apenas un segundo, lo justo para mirarme con esos ojos oscuros y cargados de lujuria que me hicieron temblar. Yo, con el corazón a mil por hora y el deseo ardiendo, no necesitaba palabras: necesitaba ser suya. Me bajé las tiras del escote sin pensar, ofreciéndole mis senos desnudos. Él no dudó: se inclinó sobre mí, atrapó uno entre sus labios, luego el otro y comenzó a chuparlos y lamerlos con ansias. Las gotas de su saliva caían sobre mi cintura mientras yo arqueaba la espalda, perdida, dejándome llevar. Sus manos recorrían mi cintura, mis caderas, mientras yo me aferraba a su cuello queriendo hundirme más en él. Entonces escuchamos pasos. Dos chicos, jóvenes, tambaleándose de borrachos, se quedaron mirando, con los ojos muy abiertos. Él giró la cabeza hacia ellos, con el ceño fruncido y el pecho agitado. —¿Qué miráis, chavales? ¡A pirarse! —espetó. Yo, sin ...
... apartar la mirada de los intrusos, sonreí con calma. —Déjalos —dije con voz ronca, cargada de deseo—. No me molesta. Él me miró, con esa chispa salvaje que me había encendido toda la noche, y sonrió. —Buah… si a ti no te molesta, a mí tampoco. El ambiente se volvió eléctrico. El aire, pesado. Yo abrí el vestido, dejando que el borde resbalara por mis caderas, sintiendo el frío de la noche mezclado con el calor de mi piel desnuda. Su mirada ardía, la de los chicos también, y saberme observada solo me encendía más. Él me tomó de la cintura, me giró hacia la pared y me sostuvo firme. Yo arqueé la espalda, ofreciéndome, hasta que sentí su miembro llenándome. Un gemido ahogado se escapó de mi garganta, y su mano cubrió mi boca para silenciarme. Mis ojos buscaron a los de los chicos, que ahora se tocaban sin disimulo, y eso solo me encendió más. Mis gemidos se confundían con el murmullo de la calle, con las risas lejanas y el sonido del mar. Era todo tan salvaje, tan prohibido, tan excitante… Cada embestida me arrancaba un suspiro, un jadeo. Mis pechos se aplastaban contra la pared, y yo arqueaba el cuerpo para recibirlo más y más hondo, sintiendo cómo me reclamaba con fuerza. Aún apoyada contra la pared, levantó mi pierna para entrar mejor, más profundo. Los chicos dieron un paso más, con sus miembros en las manos, sus bocas abiertas, jadeando, devorando la escena. —Por favor, no pares… —rogué—. Qué rico, me encanta… —Shhh, que nos van a escuchar —dijo él con ...