1. Málaga: deseo público, sudor y sexo


    Fecha: 18/05/2026, Categorías: Voyerismo Autor: ExpuestaFem, Fuente: TodoRelatos

    ... fingía revisar el menú. No necesitaba mirar a nadie para saber que los ojos ya estaban sobre mí; podía sentirlos, pesados, recorriéndome de arriba abajo. Y yo, disfrutando cada segundo de ese juego silencioso.
    
    El camarero se acercó con una sonrisa descarada, de esas que dicen más de lo que deberían.
    
    —¿Qué deseas beber? —preguntó, y aunque las palabras eran correctas, su mirada recorría mi cuerpo sin disimulo, deteniéndose en cómo el vestido ligero se ceñía a mi piel.
    
    —Una copa de vino tinto —respondí, apoyando un codo sobre la barra, con ese aire relajado que no dejaba ver el torbellino que llevaba dentro.
    
    Mientras él se alejaba a servir el vino, me giré en el taburete, despacio. El salón estaba lleno: risas, conversaciones cruzadas, el tintinear de copas, el aroma a mar mezclado con especias y vino. Sentía el calor de las miradas sobre mí, algunas curiosas, otras hambrientas.
    
    El contacto del asiento frío contra mi piel desnuda bajo el vestido era como una descarga eléctrica que me mantenía alerta. Cada movimiento hacía que el tejido rozara mi piel, recordándome lo expuesta que estaba, lo fácil que sería que alguien notara que no llevaba nada debajo.
    
    Apreté las piernas un poco, conteniendo un suspiro, mientras el deseo crecía lento, profundo, inevitable. El restaurante entero seguía con su rutina, ajeno al incendio silencioso que ardía en mí, y esa sensación de secreto compartido solo conmigo misma me excitaba más de lo que debería.
    
    Cuando el camarero ...
    ... volvió, dejó la copa frente a mí, y su voz sonó un poco más grave.
    
    —¿Vas a cenar algo? Te recomiendo el pulpo con puré de batata.
    
    —Perfecto —respondí, con una sonrisa ladeada, mientras acomodaba el vestido sobre mis muslos.
    
    El plato llegó humeante, y el aroma del mar con ese toque dulce de la batata me hizo sonreír. Comí despacio, saboreando cada bocado, mientras él no dejaba de mirarme de reojo desde la barra.
    
    Cuando terminé, volvió con la cuenta, pero sin dejar que la tocara.
    
    —No hace falta —dijo, con esa media sonrisa que ya no intentaba disimular—. Te invita la casa.
    
    —¿Ah, sí? —pregunté, arqueando una ceja.
    
    —Sí —repitió él, con los ojos fijos en los míos—. Digamos que… es por tu primera noche aquí.
    
    El aire entre nosotros estaba cargado. Yo jugueteaba con el tallo de la copa de vino, y él sostenía mi mirada, como si en ese silencio pudiera decirme todo lo que pasaba por su cabeza.
    
    No habían pasado ni cinco minutos desde que terminé mi copa, cuando lo vi salir de la barra y caminar hacia mí. Su mirada era distinta, más decidida.
    
    —¿Bailas? —preguntó, extendiendo su mano.
    
    —Por supuesto —respondí con una sonrisa traviesa—. Soy latina.
    
    Me tomó de la mano y me guió hacia el centro del restaurante, justo cuando empezó a sonar esa mezcla irresistible de flamenco y bachata.
    
    🎶 Ha sido tu mirada, que es la que me atrapa… ha sido tu boca, que es la que me mata… 🎶
    
    El ambiente cambió en un segundo. El murmullo de las conversaciones quedó de ...
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