-
Capítulo 3 el luchador entregado
Fecha: 14/06/2026, Categorías: Gays Autor: nonoyrocio, Fuente: TodoRelatos
... culo se abra más para mí. Quiero que sientas cada centímetro, que grites mi nombre en cada embestida. Sentí cómo su cuerpo se contraía, cómo sus músculos temblaban de placer y sumisión. Su culo recibía mis embestidas con ganas, dejándose llevar, abriéndose sin miedo. Jairo no paraba de gemir, de apretar mis manos en sus caderas, de tirar de mí hacia dentro, como pidiendo más, mucho más. Con una mano, le agarré la barbilla y giré su rostro hacia mí. Nuestros ojos se encontraron, brillando con una mezcla de fuego, lujuria y un deseo que no dejaba espacio para dudas. —¿Quieres que te folle aquí mismo, que te haga mío hasta que no puedas ni respirar? —le dije mientras le daba un morreo sucio, profundo, robándole un gemido más fuerte. Sus labios temblaron bajo los míos, y su lengua jugó con la mía en una danza ardiente, mientras mis embestidas seguían su ritmo, cada vez más fuertes, más rápidas, dominantes. Sentía su culo apretando y relajando con cada movimiento, su respiración ya entrecortada, sus gemidos subiendo de volumen como una melodía que me alimentaba. —Eso es, Jairo... déjate llevar. Quiero que seas mío, que no pienses en nada más —susurré, mientras mi mano libre bajaba para acariciar y apretar su pene, endurecido por el placer—. ¿Ves cómo te haces duro para mí? ¿Qué estás pensando ahora que te follo así? Su respuesta fue un gemido ahogado, su cuerpo temblando, sus dedos aferrándose con fuerza a mis brazos. Cada embestida era un dominio, una ...
... entrega total. —Muévete más, dime que me quieres dentro —le ordené, aumentando el ritmo y hundiéndome con fuerza, sintiendo cómo su culo se ajustaba a mí, apretándome con urgencia. Jairo gimió más fuerte, tiró de mí hacia dentro, y se entregó por completo, dejando caer su cabeza hacia atrás mientras gritaba mi nombre en un éxtasis que me volvía aún más salvaje. El juego de poder se había transformado en una danza de placer absoluto, un intercambio donde cada movimiento era una declaración, un pacto silencioso de deseo y dominio. Y yo estaba dispuesto a llevarlo hasta el límite, a que cada embestida le quemara la piel, que cada suspiro fuera un canto a nuestra entrega sin límites. Seguíamos en la misma postura, mi cuerpo firme contra el de Jairo, sintiendo cómo cada músculo suyo se contraía y se entregaba con cada embestida mía. Pero había llegado el momento de cambiar el juego, de subir el nivel. Con fuerza y decisión, lo bajé al suelo, poniéndolo de rodillas, con las manos apoyadas sobre la fría baldosa. Su culo se erguía, abierto y tenso, ofreciéndome la invitación perfecta. —Ahora vas a jugar de perrito —le susurré al oído, mi voz ronca y cargada de promesas—. Quiero verte disfrutar, que me sigas el ritmo y me digas si te gusta. Jairo soltó una risita baja, una mezcla de nerviosismo y placer que me encendió aún más. Esa risa traviesa le daba un toque de inocencia que contrastaba con el fuego de su cuerpo. Sin perder tiempo, me coloqué detrás, las ...