1. Mi mujer se folla a un negrazo delante de mis narices


    Fecha: 19/06/2026, Categorías: Poesía erótica, Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos

    En un viaje que hicimos Sonia y yo a La Habana;
    
    mi esposa se encaprichó de un botones negrazo al que veía cada mañana.
    
    El chico era joven y tímido pero calzaba un buen paquete;
    
    a mi mujer se le hacía la boca agua y comenzó a darle carrete.
    
    Sonia estaba empeñada en follarse a un buen mozalbete cubano;
    
    colgarme unos hermosos cuernos en mi presencia, algo muy mundano.
    
    El chico era un poco reacio a las frivolidades europeas;
    
    Sonia lo convenció de que prestar a tu pareja disminuye las cefaleas.
    
    En una noche estrellada salimos a dar un paseo por El Malecón;
    
    y para nuestra sorpresa nos topamos con el botones, se llama Aarón.
    
    Sonia coquetea y flirtea con él a lo bestia palpándole el trasero;
    
    yo lo tranquilizo y le digo que es un ofrecimiento sincero.
    
    Aarón se decide a acompañarnos a nuestros aposentos del Hotel Cienfuegos;
    
    mi esposa había triunfado e iba rebosante de egos palaciegos.
    
    Ya en la alcoba nos metemos en un jacuzzi y nos asombra el tamaño de su verga;
    
    de 23 cm no baja, ¡que los descreídos se dejen de monsergas!
    
    Sonia no pudo esperar más y sumergió la cabeza en aquella agua burbujeante;
    
    y se manducó casi entero aquel falo, Dios mediante.
    
    Aprovechando ...
    ... que Sonia no nos oía, el mancebo me preguntó si era de verdad mi esposa o una puta de ocasión;
    
    yo, muy amablemente le comenté que no son incompatibles las dos opciones, incluso con menstruación.
    
    Por fin decidieron ir al catre y Sonia montó sobre su amante dándole la espalda;
    
    cabalgaba duro, y yo sentado enfrente, observo con mi polla inhiesta como la Giralda.
    
    El rabo del chaval parecía hecho de ébano, de lo duro y consistente que se veía;
    
    le brillaba como si estuviera barnizado, por los efluvios que Sonia cernía.
    
    ¡Qué magnífico contraste el ver una polla negra penetrando un chumino blanco!
    
    Sonia se recreó hacia atrás y Aarón tomó la iniciativa del ritmo, ¡menudo potranco!
    
    Mi esposa ponía caras de vicio para calentarme y provocar mi orgasmo;
    
    el folleteo era tan salvaje, que Aarón no tardó en correrse y experimentar espasmos.
    
    Al los pocos segundos le sigue mi mujer, esta berrea como una zorra, clavándosela bien;
    
    ante aquella visión de chocho rosado y polla negra bañados en leche, me pongo a cien.
    
    Me acerco y descargo mi esperma sobre pubis, vulva, polla y huevos de los “Amantes de Teruel”;
    
    menudo emplasto quedó en sus respectivas entrepiernas,daba el pego de salsa bechamel. 
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