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Gay se folla a su mejor amiga 2
Fecha: 19/06/2026, Categorías: Bisexuales Autor: anonimossx, Fuente: TodoRelatos
Pasaron ocho meses desde aquella última noche. Ella se mudó a otra ciudad, yo volví a vivir solo, y aunque todo parecía en calma… dentro de mí algo seguía ardiendo. Volvimos a hablarnos, claro. A veces con normalidad, otras veces no tanto. A veces me escribía de madrugada, borracha o nostálgica, diciéndome que soñaba conmigo. Otras veces, solo me mandaba una foto suya recién salida de la ducha, sin decir nada. Y yo… me tocaba pensando en ella. En su olor, en su sabor. En cómo se movía encima de mí con esa mezcla de ternura y desesperación. Un día, me dijo que venía de visita por el fin de semana. Se quedaría en mi piso. Me latía el corazón tan fuerte que pensé que se me iba a salir del pecho. Cuando llegó, parecía diferente… más segura, más sensual. Llevaba un vestido negro ajustado, sin sujetador, y me abrazó como si me hubiera estado esperando toda la vida. La noche fue suave al principio: cena, vino, risas, recuerdos del piso antiguo. Pero había algo en su mirada, algo en su forma de lamerse los labios mientras hablábamos, que me tenía en vilo. Cuando nos sentamos en el sofá, me dijo sin rodeos: —¿Te acuerdas de cómo me tocabas las tetas mientras yo me frotaba contra ti? Yo asentí, sin poder hablar. —Llevo ocho meses soñando con que me folles otra vez. Pero esta vez… bien. No dije nada. Solo la besé. Fuerte. Como si tuviera que memorizar su sabor. Su lengua se enredó con la mía y nos arrancamos la ropa con una urgencia vieja y conocida. Me la ...
... llevé al dormitorio, pero me detuvo en el pasillo. Me empujó contra la pared y se agachó. Me bajó los pantalones y se metió mi polla en la boca sin miramientos. La sentía caliente, húmeda, ansiosa. Me miraba desde abajo con los ojos brillantes, tragando cada centímetro con hambre, acariciándome los huevos mientras jadeaba. Me sujetaba las caderas con fuerza para que no me moviera. Casi me corro ahí mismo. —Todavía no —susurró, sacándosela de la boca con un hilo de saliva colgando de los labios—. Esta vez quiero que me folles como un hombre. Como si no fueras solo gay. Quiero que me duela. Y eso me prendió fuego. La levanté, le levanté el vestido y vi que no llevaba nada debajo. El coño completamente depilado, húmedo, expuesto. Me arrodillé y le abrí las piernas en el pasillo. Le lamí el clítoris con fuerza, con lengua y con labios, mientras le metía dos dedos y la escuchaba gemir, agitada, retorciéndose. Le sujetaba el culo con las manos, apretándolo mientras la devoraba. Cuando me pidió que parara, estaba temblando. La llevé a la cama, la puse a cuatro patas y me metí detrás. Le pasé la polla por el coño, bien mojado, y se la metí entera de una. Gritó. No de dolor, de placer. Le agarré las caderas y la follé con fuerza. Golpes secos, rítmicos, que hacían chocar su culo contra mi pelvis. Mis huevos mojados, sus gemidos pidiéndome más, su espalda arqueada. Le jalaba del pelo, le decía al oído todo lo que no me había atrevido a decirle antes: —Me pones ...