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Pantallas encendidas – Parte 3 El juego del espejo
Fecha: 26/06/2026, Categorías: Sexo Virtual, Autor: Lucia, Fuente: TodoRelatos
Esa tarde cuando no había nadie en casa, me alarmó una notificación repetitiva mientras recogía la habitación. Era Yeray y como no, me estaba haciendo una videollamada.Fue idea suya, aunque al principio no entendí a qué se refería. Me dijo. —Hoy quiero verte… pero de dos formas al mismo tiempo.—¿Dos?—Sí… en la pantalla y en un espejo. Yo tenía un armario con puertas de cristal en mi habitación. No era un espejo perfecto, pero reflejaba suficiente como para mostrarme entera desde cierta distancia. Moví el portátil hasta apoyarlo en la cómoda, de forma que él pudiera ver, a la izquierda de la pantalla, mi imagen en directo, y a la derecha, mi silueta reflejada. —Perfecto —dijo, y su voz sonó más baja que otras veces. Me senté en la orilla de la cama, de lado a la cámara, de forma que él pudiera ver mi perfil en el espejo.—Quiero que te mires tú también —añadió—. No solo yo. Lo hice. Me observé en el reflejo y noté que mis movimientos se volvían más lentos, más conscientes. El simple hecho de verme desde fuera me hacía sentir que estaba actuando, aunque solo para él. —Gírate un poco… no, despacio —me guiaba—. Así… justo así. La luz de la lámpara de noche caía en diagonal, iluminando parte de mi rostro y dejando la otra mitad en sombra. En el espejo, esa luz dibujaba mi silueta con más suavidad, como si estuviera difuminada. Yeray alternaba su mirada entre la pantalla y el reflejo, y yo podía verlo moverse un ...
... poco hacia adelante, como si quisiera acercarse más. —Ahora apóyate hacia atrás, usando los brazos. Quiero ver cómo te inclinas —pidió.Lo hice, sintiendo la tensión en mis brazos y el camisón cediendo un poco en el escote. En el reflejo, la postura parecía más insinuante de lo que se sentía desde dentro. Me pidió que me recogiera el pelo. Lo sujeté con una mano, dejando el cuello expuesto.—No te imaginas lo que haría si estuviera ahí —murmuró.—Sí me lo imagino —le respondí, sin bajar la mirada. Jugamos a variar la escena: de pie frente al espejo, de espaldas a la cámara pero girando la cabeza para mirarlo; sentada con una pierna doblada y la otra estirada, dejando que el reflejo mostrara más que el frontal. Yeray me describía lo que veía en cada ángulo, como si quisiera grabarlo en palabras para no olvidarlo. En un momento me pidió que caminara lentamente frente al espejo, sin dejar de mirarlo en la pantalla. Era extraño: mi cuerpo se movía en un espacio, pero mi atención estaba en sus ojos a través de un cristal. Sentía que, de algún modo, estaba en su habitación y en la mía al mismo tiempo. Terminamos la llamada sin palabras largas, solo con un último encuadre: yo sentada de lado, el espejo mostrando mi silueta completa, y él, inmóvil, observando como si no quisiera que la imagen desapareciera. Cuando la pantalla se apagó, me quedé mirando mi reflejo, y por un momento, fue como si todavía me estuviera viendo.
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