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Mi mujer me engaña con familia y amigos - final
Fecha: 26/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: CMoriarty, Fuente: TodoRelatos
... han roto un plato y con la comida hecha. Sara vestía un camisón de mi tía que Paco le había prestado porque, supuestamente, no había traído ropa para andar por casa. Mi cándida tía Carmen le dijo que le sentaba genial, y que ojalá a ella le quedara tan bien. La cabeza de mi tío era tan retorcida, me contó ese mismo día Sara, que había querido follarla con ropa de Carmen para recordarla a ella cada vez que su mujer se la pusiese. El resto del fin de semana no le fue tan sencillo a Paco, pero igualmente estuvo al acecho de cada ocasión posible para saciarse con el cuerpo de mi mujer. Algunas ocasiones las presencié yo mismo, de otras solo me enteré cuando me las contó Sara. Vi a ese hombrecillo pegándose a ella por la espalda en cualquier momento en que Carmen no estaba a la vista, recorriendo con sus manos sus caderas, su vientre y su estómago hasta apretar sus pechos o buscar la boca de mi mujer, con la suya, en las esquinas ocultas. Cachetadas en el culo, caricias en las piernas, en la nuca, en los brazos. Unas veces era más lascivo, otras, cariñoso como un novio. Hasta le vi hacerle cosquillas con las uñas en el brazo, cosa que ella adora. Los encuentros más explicitos, sin embargo, requirieron más riesgos y me mantuvieron en vilo. La noche del primer día, no contento con las horas que habían tenido a solas, Paco entró en nuestra habitación para despertar a Sara. El niño dormía plácidamente en una cama apartada de la nuestra, en el mismo cuarto. A mí apenas me ...
... miró. Aunque se envalentonase para follar con mi mujer, todavía le costaba sostener la mirada al hacer algo que estaba objetivamente mal. Le dijo que la esperaba en el que había sido el cuarto de mi abuelo, ahora lleno de cajas pero todavía con un colchón, demasiado inhóspito para que durmiese el niño allí solo, todavía demasiado asociado al fallecimiento de mi abuelo. “Voy a ir, ¿vale cielo?” había culpabilidad en sus ojos, así como un brillo de lujuria. Estaba enganchada, eso significaban esos dos signos contradictorios. Engañarme a mí, engañar a Carmen, follarse a ese hombrecillo patético que la adoraba sin que nadie más lo supiera… cerraron con suavidad la puerta del dormitorio y se hizo el silencio. Solo un suave sonido de movimientos y susurros se escapaba por las rendijas. Supe que no iba a poder dormir hasta que acabasen y mi mujer volviese conmigo, ya usada por mi tío político como un trozo de carne. Aparte de las demás sensaciones que siempre experimentaba, en este caso me preocupaba que alguien se despertase. Durante más o menos una hora estuve paseando cerca de la puerta, mientras ojeaba el teléfono móvil tratando de hacer que avanzase el tiempo, preparado para avisar o para ayudar en la coartada, si es que mi tía llegaba a despertarse. Harto de esperar y cansado, acabé volviendo a la cama, tirando la toalla y dispuesto a dejar que ocurriese lo que tuviese que ocurrir. A la media hora, más o menos, Sara por fin volvió, cariñosa como una gatita, satisfecha. Se durmió ...