1. Anecdota 1: Alessa, La planta


    Fecha: 08/07/2026, Categorías: Transexuales Autor: Alessa11, Fuente: TodoRelatos

    Hace algunos años en Valenwood, una tarde curiosa, la joven Alessa, en sus años tempranos, con esa mezcla suya de travesura y misticismo, decidió que quería probar algo distinto: ser una planta. No había ningún conjuro extraño, ni artefacto daédrico de por medio… solo su imaginación, su deseo de jugar con lo imposible y su delicioso descaro. Se internó en un prado verde de Valenwood, donde el viento danzaba entre los árboles gigantes y el sol apenas lograba filtrarse entre las hojas. Allí cortó varias flores, fragantes y coloridas, y con una sonrisa pícara cavó un pequeño hoyo en la tierra, justo lo bastante grande para acomodar su cuerpo.
    
    Se desnudó sin pudor, como si la naturaleza la reclamara de vuelta. Su piel blanca brillaba bajo los débiles rayos de sol, y la brisa ligera recorría su piel acariciándola suavemente. Se estiró con frescura y, con delicadeza juguetona, introdujo el tallo de las flores en su ano, una por una, haciéndolas brotar de entre sus nalgas como un ramo elegante. Después, se tumbó en el agujero con las nalgas bien alzadas, exhibiendo con orgullo su “florecimiento” como si fuese una macetera viviente.
    
    A unos pasos, medio escondido entre la maleza, Calendor, su anciano maestro y pareja secreta, la observaba en silencio. Su mirada reflejaba mezcla de fascinación y deseo, admirando la audacia de Alessa y la manera en que el sol y el bosque la envolvían. El cabello blanco de Calendor brillaba con la luz que se colaba entre las hojas, y sus ojos ...
    ... verdes seguían cada movimiento de Alessa, cómplice y enamorado, respetando la distancia y la libertad de aquel juego que ella misma había iniciado.
    
    Así se quedó, inmóvil, como si fuera un arbusto encantado. El sol la acariciaba con su calor, ardía en sus nalgas y en su espalda, y la brisa juguetona recorría su piel, haciendo danzar las flores que brotaban de su ano. Entre el murmullo de los insectos y el perfume de la hierba, Alessa se quedó dormida, convertida en una planta risueña y sensual, mientras la figura de Calendor se mantenía a su lado, como guardián silencioso de aquel recuerdo que, años después, Alessa recordaría con nostalgia y picardía.
    
    Cuando despertó, varias horas después, descubrió con asombro que aquellas flores no solo seguían frescas y dentro de su ano, sino que estaban más grandes, más radiantes y hermosas que antes de ser cortadas. Sus pétalos brillaban con un fulgor imposible, como si su cuerpo les hubiera dado una nueva vida. Lo que Alessa no sabía era que Calendor, se había acercado silenciosamente a ella con una regadera y rego las plantas en su ano, mientras reía silenciosamente, asegurándose de que las flores recibieran la humedad perfecta. Alessa se incorporó y sintió que sus nalgas, pene y piernas estaban húmedos, frescos, pero no le dio mayor importancia. Sin darse cuenta, ese contacto con el agua y la magia del momento hizo que las flores crecieran más, se vieran más bonitas y vibraran con un fulgor aún más intenso, algo con lo que ni Calendor ...
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