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A DOBLE TIEMPO: Un juego peligroso, parte 4
Fecha: 17/07/2026, Categorías: Hetero Infidelidad Autor: Afres, Fuente: SexoSinTabues30
... domingo El reloj marcaba la una y media, pero Andrés aún no aparecía. Laura estaba sentada en la cocina, con la mesa puesta desde hacía media hora. Dos platos. Dos vasos. La fuente con ensalada se empezaba a marchitar y el pollo al horno ya no humeaba como antes. Le había escrito hace un rato: «¿Vas a almorzar aquí?» Solo vio el doble check. Ni una palabra. Suspiró, se levantó y fue hasta la ventana. Afuera, los vecinos disfrutaban del sol, había risas de niños en el aire, olor a pasto recién cortado. Una parte de ella sintió ganas de salir, caminar sin rumbo, pero se obligó a quedarse. Esperar. Como siempre. Cuando finalmente la puerta se abrió, eran casi las dos. —Se me fue la hora —dijo Andrés, sin disculpas, dejando las llaves en el aparador—. Fui a tomar un café con unos colegas. Quedamos en seguir el proyecto después. Laura no respondió de inmediato. Se limitó a volver a la cocina, en silencio, y destapó la fuente. Volvió a calentar la comida sin decir nada. —No me imaginé que ibas a hacer almuerzo —agregó él, sentándose. —Es domingo —dijo ella, sin girarse. —Sí… bueno. No pensé que era especial. Eso. Esa frase. «No pensé que era especial.» Como un golpe seco, sin mala ...
... intención, pero directo. Un reflejo de lo que se había vuelto su relación: algo que no se pensaba, que se daba por hecho, que no se cuidaba. Comieron sin hablar. El sonido de los cubiertos fue lo único que llenó el espacio entre ellos. —Está rico —murmuró Andrés, al tercer bocado. Laura levantó las cejas con un leve movimiento con la cabeza. Un «gracias» mudo. No tenía ganas de fingir sonrisas, ni siquiera de reclamar. El cansancio emocional era distinto al físico. No te tiraba al suelo: te hacía seguir como si nada, pero con el alma en pausa. Cuando terminaron, él llevó su plato al lavaplatos, lo enjuagó rápido y volvió a agarrar el celular. Laura lo miró, pero ya no con tristeza. Con una distancia nueva. Casi como si lo observara desde afuera, como una actriz viendo al público desde detrás del telón. —Voy a salir un rato —dijo ella, tomando su chaqueta del respaldo de la silla. —¿A dónde vas? —No sé. A caminar. Él asintió, sin insistir. Ni siquiera levantó la vista del teléfono. Laura abrió la puerta y salió. Por primera vez en semanas, el aire fresco le pareció una forma de escape. Y mientras caminaba por la vereda, sintió algo parecido a alivio. A tristeza también. Pero sobre todo, a alivio.