1. Le quité la calentura a mi madre


    Fecha: 20/07/2026, Categorías: Incesto Autor: NY City, Fuente: CuentoRelatos

    ... en el reservado; sentados muy juntos, nos miramos, y envalentonado por su hermosura, la noche y el deseo que me invadía, rodeé sus hombros con un brazo y la atraje hacia mí.
    
    Cerró los ojos cuando mi boca buscó la suya, y con un largo suspiro se abandonó. Mi otra mano se posó sobre su vientre, sobre la corta falda, y cuando hurgué entre sus muslos, mamá los separó y pude alcanzarle el sexo que estaba empapado; de allí, temeroso de que se molestara, subí en mi caricia, y le abarqué una teta, ahora por debajo de la blusa.
    
    –¡Hijito, por favor, no sigas…! ¡Por favor querido…!
    
    Sentí su angustia, y obedecí; no podíamos separar nuestras bocas, y ya casi no podíamos respirar bien, cuando mi mano se posó en su pequeño pie, calzado con unas preciosas sandalias blancas de tirillas, tipo pulsera, y comencé largas caricias, ella suspiraba, sentía sus estremecimientos, jadeaba de deseo mal contenido, y poco a poco volvía a ascender, llegué con mi mano a la tersura de sus muslos, y nuevamente alcancé su vulva, y la acaricie, sin atreverme a llegar más lejos, aunque estaba loco por meterle los dedos.
    
    Esa noche, al acostarnos, ella vestía un camisón muy sensual, y le dije que yo dormiría en el sofá de la habitación.
    
    –¡No seas tonto… dormiremos juntos…! ¿Acaso no soy tu madre?
    
    Entre nosotros no puede haber nada malo.
    
    –¿Y si lo hubiese? –mi pregunta se escapó y la vi sonrojarse:
    
    –Entonces no te permitiría dormir conmigo… pero no hay cuidado…
    
    De lo cual yo no estaba ...
    ... muy seguro.
    
    Calculen lo que pasaba por mi mente: yo era joven y ardiente, tenía a mi disposición casi, a una mujer sumamente bella, muy sensual y cariñosa, y durante la mañana la había besado apasionadamente y manoseado sus pechos; durante el baile, no había sido mi madre, sino una ardiente compañera; en ese momento de acostarnos, mi pene era una madera de duro y grande; ella se pegó contra mi cuerpo, y me atreví a pasar un brazo debajo de su cabeza, sin oposición, y de común acuerdo, nos acercamos el uno al otro acostados de lado.
    
    Fue una especie de acuerdo tácito, cuando nuestras bocas se encontraron, y durante largos minutos, nuestras lenguas se buscaron jadeantes, se enroscaban una contra la otra, lamía sus encías y mi pene se acomodó a lo largo de su vientre; ella suspiraba entre jadeos, pero no sucedió nada más, excepto que yo tuve un orgasmo y le empapé el camisón.
    
    Al día siguiente, durante el desayuno, nos mirábamos como amantes, enamorados y cariñosos. Tomó su mano por encima de la mesa, que me entregó, y nuestros dedos se entrelazaron, mientras ella se ruborizaba una y otra vez.
    
    Después, durante el baño en el mar, se repitió lo del día anterior, pero esta vez, dejé uno de sus senos libres, y bajé la mano hasta su vulva, y con un estremecimiento, su lengua enredada en la mía, permitió que yo le acariciase su sexo.
    
    Esa noche, nos preparamos para la comedia: se puso un baby doll rosado, pero cuando se tendió en la cama, se quitó el calzón del mismo, y con ...