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Antes mi mujer estaba gorda...
Fecha: 26/07/2026, Categorías: Hetero Autor: Enelmedio, Fuente: TodoRelatos
Antes mi mujer estaba gorda. Muy gorda. Gordísima. Tan gorda que apenas encontraba bragas de su talla, y cuando lo hacía, no importaba lo grandes que fuesen, sus nalgas colosales y sus caderas gigantescas las tensaban al límite, y los labios inmensos de su coño siempre ardiente se escapaban por los lados de la tela. Hasta las clásicas bragazas de abuela, puestas en ella, parecían tangas de puta barata. Estaba, sí, muy gorda. Gordísima. Ya no lo está. “Qué guapa se ha puesto tu mujer”, me dicen. Yo asiento, sonrío, alabo su perseverancia. Sé lo mucho que le ha costado adelgazar, y lo positivo que ha sido para su salud. Pero a mí, a qué mentir, me gustaba más antes. Cuando estaba tan gorda. Sus tetas grandes, tersas y cálidas se han convertido en dos pellejos colgantes que podría sostener juntos con solo la palma de una de mis manos. Su culazo inmenso, redondo, firme y carnoso, tan amplio que apenas podía abarcar su anchura cuando follábamos es ahora un culillo de tamaño mediano, un poquitín fofo, un culo, supongo, normal. Su coño, para no faltar a la verdad, también estaba mejor antes: más apretado, más jugoso, más caliente. Dejando aparte que ahora le ha dado por depilárselo y los labios de su vagina, más caídos que antes, más expuestos a la vista, parecen la boca de uno de esos payasos tristes de los circos de los 80. Además, como pesa menos, tengo que embestirla con menos fuerza cuando la penetro, porque, acostumbrado a su tonelaje anterior, la ...
... derribo sin querer sobre la cama o la proyecto sin darme cuenta contra la pared. De postre, como ahora se siente más segura de sí misma y toda esta historia, me la chupa poco y mal, como haciéndome un favor, y no solo se ha hecho más sosa en la cama sino que, como en teoría está tan guapa y tiene que gustarme más que antes, parece esperar que no solo le cumpla, sino que además le repita la función y le cuente al acabar lo mucho que me ha gustado. Lo único bueno es que ahora encuentra bragas y tangas de todo tipo adecuados a su talla: de leopardo, de encaje, transparentes, de seda, de algodón, elásticos, vaporosos...de todo. Eso está bien, porque a veces cuando no está en casa le chorizo alguno del cajón, me desnudo, me lo pongo y me regodeo en la caricia de su tejido en mis huevos, mi polla y mi ojete. Me palmeo las nalgas con fuerza, ensayo posturas de guarra frente al espejo, me revuelco solo en la cama, acariciándome los muslos o pellizcándome los pezones, imaginándome que es un hombre, o mejor aún varios hombres, rudos y musculosos, los que me acarician, me estrujan y me soban, preparándome para ser ensartado por todas partes hasta la extenuación. Lo gracioso es que antes, cuando mi mujer estaba tan gorda, no me daba por hacer estas cosas. No sé si será por los tangas. O porque el que últimamente me he puesto bastante gordo soy yo, y por consiguiente me han salido unas tetas cálidas y tersas y un culazo carnoso y amplio que difícilmente podría abarcar cualquier ...