1. La viuda fetichista


    Fecha: 29/07/2026, Categorías: Fetichismo Autor: Fatmaster, Fuente: CuentoRelatos

    Una tarde, estando solo en mi oficina, sonó el timbre. Abrí la puerta y me encontré con una mujer de mediana edad, de apariencia corriente pero con un encanto innegable. Llevaba unos leggins negros de polipiel que se adherían a sus curvas como una segunda piel, reflejando la luz con un brillo hipnótico. Al notar mi mirada, sonrió con picardía.
    
    Se presentó y me explicó que había enviudado recientemente y que yo le recordaba mucho a su difunto esposo. Con un tono suave y seductor, me invitó a su casa esa misma noche, bajo el pretexto de revisar unos documentos y probarme ropa de su fallecido marido que, según ella, podría quedarme bien.
    
    Aunque no era mi costumbre aceptar invitaciones así, una mezcla de curiosidad y atracción me llevó a aceptar.
    
    Su casa estaba en un barrio residencial exclusivo, con la puerta principal en un punto ciego que garantizaba privacidad. Cuando toqué el timbre, abrió la puerta y quedé sin aliento. Llevaba un corset de cuero negro que moldeaba su cuerpo en una silueta de reloj de arena, tan ajustado que parecía una extensión de su piel.
    
    Unas botas bucaneras de cuero brillante le llegaban hasta los muslos, y un diminuto tanga de cuero apenas cubría su sexo. El aire estaba impregnado del aroma a cuero y su perfume, una combinación embriagadora que despertó algo visceral en mí. Me invitó a pasar, sus ojos brillando con una intención clara.
    
    Revisé los documentos, pero mis ojos traicioneros se deslizaban por las curvas de su atuendo, el ...
    ... cuero tenso reluciendo bajo la luz tenue. En un instante de descuido, ella se acercó y me besó. Respondí con otro beso, más profundo, y pronto la abracé con pasión. Sin darme cuenta, estábamos en su sala, desnudos, nuestros cuerpos entrelazados.
    
    Mi lengua recorrió sus senos, saboreando su suavidad, y luego descendí, explorando el calor salado entre sus muslos. Sus gemidos resonaban mientras la penetraba vaginalmente, nuestros cuerpos moviéndose en un ritmo primal. Luego, tras lamer su trasero con deliberada lentitud, la penetré analmente, sus jadeos agudos llenando el aire.
    
    Durante todo el acto, evitaba mirarme a los ojos, manteniéndolos cerrados o desviados, y en el clímax, gritó el nombre de su difunto esposo. Me desconcertó, pero ella se disculpó rápidamente, confesando que mi parecido con él era tan fuerte que mirarme a la cara rompía la ilusión. Sin dudarlo, le dije: “Si ese es el problema, puedo usar una máscara o capucha y fingir ser él”. Su rostro se iluminó con una sonrisa sorprendida y complacida.
    
    Me llevó a su dormitorio matrimonial y abrió un armario con llave. Dentro, para mi deleite, había un arsenal de ropa fetichista: trajes de látex, cuero y vinilo, tanto femeninos como masculinos, ordenados con precisión. Mi pulso se aceleró.
    
    Escogió una capucha de cuero de rostro completo, su superficie lisa y fresca al tacto, con pequeños orificios para respirar. Al ponérmela, el cuero envolvió mi rostro en un abrazo firme, restringiendo y excitando a la vez. El ...
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