1. ¿De verdad con nadie lo habías hecho así?


    Fecha: 17/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: pinkdemon, Fuente: CuentoRelatos

    Hace aproximadamente un par de meses se me ocurrió salir con mi sirvienta a la alameda de la localidad donde vivo con mi esposo, tenemos dos años de casados y decidimos venir a vivir a la provincia, era sábado y yo no sabía que precisamente ese lugar era el punto de reunión de los obreros, albañiles, plomeros etc. Que salían del trabajo para pasar un buen rato por la tarde.
    
    De inmediato noto que causo una especie de expectativa a mi alrededor, las miradas inquietantes de los hombres se pegan a mi cuerpo mientras que las miradas inquisidoras de las mujeres me hacen sentir bien, es algo que no había sentido antes, algo que no sé qué es, pero me empieza a gustar, lo disfruto pasando del nerviosismo a la tranquilidad.
    
    ¡Sabrosa! Nos dice un tipo, muévelo, te lo compro, dice otro, mamacita, etc.
    
    Mi sirvienta se nota molesta así que le digo que se regrese a la casa mientras yo me detengo y me siento en una banca, miro a mi alrededor detenidamente hasta que mi vista choca con las miradas de un grupito de machos gordos y viejos que no dejan de hablar entre si y sonreír al verme, después de un rato y de varios roces de miradas uno de ellos se atreve a cercarse a mi entre las risas y arengas de sus amigotes, es un tipo moreno, bajito, entre obeso y fornido, de pelo entre cano y un bigote insípido medio cantinflesco.
    
    ¿Quieres un cigarro?, me dice con su vocecita chillona sacando una cajetilla de cigarros corrientes, lo tomo sin dejar de mirarlo a los ojos ¿me lo vas a ...
    ... encender? O te vas a quedar ahí le digo cortando el hielo, empezamos a platicar, me dice que es albañil, se llama Remigio, casado, 62 años etc.
    
    No sé por qué, pero me pierdo en su plática no paro de reír, es muy gracioso cualquier cosa que dice la dice con una gracia tal que me olvido de todo, al final, termina convenciéndome de darle mi número de celular, empezamos a estar en contacto casi a diario, obviamente le tuve que mentir al decirle que soy la sirvienta de la casa, incluso me puse su nombre, Reynalda.
    
    Sus mensajes diarios deseándome buen día, buena noche, sus ocurrencias me hacían salir de la monotonía diaria, las citas por los sábados se volvieron obligatorias hasta que hace unos días me invitó a una fiesta.
    
    Por unos momentos que se volvieron horas estuve pensando en terminar todo, cambiar de número etc. Incluso el ni sabia donde vivía, sin embargo, las infidelidades y aventuras de mi esposo me hicieron cambiar de opinión, le envíe un mensaje a Remigio aceptando la invitación.
    
    Cómo es una fiesta me coloco un vestido de noche de color negro, descubierto de los hombros y escotado, con holanes en el escote y una abertura en la pierna que llega a medio muslo, no necesito brasier porque el vestido ya trae uno incluido, me coloco una tanga de encaje negro y mis zapatillas altísimas de aguja igual de color negro, me hago un chongo, me coloco unos aretes y un collar finísimos y me maquillo finamente para la ocasión, me miro al espejo por última vez, me encanta mi ...
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