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Le revise el teléfono a mi madre
Fecha: 28/08/2026, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Mi madre siempre había sido una mujer atractiva y segura de sí misma. Su cuerpo escultórico y su confianza eran evidentes para todos, y a menudo atraía miradas de admiración y deseo. Recuerdo que, desde que era pequeño, los hombres la morboseaban sin vergüenza. Algunos comentarios eran sutiles, otros no tanto. «Qué buena está tu mamá,» «Menudo culazo tiene,» «Ojalá me la pudiera follar.» Estos comentarios eran comunes y, con el tiempo, despertaron mi curiosidad sobre la vida sexual de mi madre. A medida que fui creciendo, noté cómo los desconocidos en la calle también la morboseaban. Era común ver cómo los hombres la miraban descaradamente, sus ojos recorriendo su cuerpo de arriba abajo. A veces, incluso se atrevían a hacer comentarios en voz alta, pensando que ella no podía oírlos. «Mira ese culo, debe estar buenísima en la cama,» «Me encantaría follarme a esa tío.» Mi madre siempre actuaba con indiferencia, pero yo podía ver en su expresión que a veces se sentía incómoda. Una vez, mientras caminábamos por una calle concurrida, un hombre se acercó demasiado a mi madre, rozando su cuerpo contra el de ella. «Disculpa,» le dijo, con una sonrisa lasciva, sin mostrar ningún arrepentimiento. Mi madre se apartó rápidamente, pero el hombre continuó caminando a su lado, intentando entablar una conversación. «Eres muy guapa. ¿Te gustaría tomar algo conmigo?» le preguntó, sin dejar de mirarla con deseo. Mi madre rechazó educadamente su propuesta, pero el hombre insistió, ...
... siguiéndola durante un buen tramo hasta que finalmente se despidió. Otro día, mientras esperábamos en una parada de autobús, un grupo de hombres jóvenes comenzó a hacer comentarios sobre mi madre. «Mira ese cuerpo, está pa’ comerselo,» dijo uno de ellos, lo suficientemente alto como para que todos lo oyeran. «Ojalá pudiese meterle mano,» añadió otro, riendo. Mi madre trató de ignorarlos, pero yo podía ver que estaba incómoda. Finalmente, el autobús llegó y nos subimos, dejando atrás los comentarios lascivos. Estos incidentes eran comunes y, con el tiempo, despertaron mi curiosidad. Sabía su contraseña desde hacía tiempo, pero nunca había sentido la necesidad de revisar su teléfono. Hasta esa noche. El teléfono de mi madre estaba desbloqueado, así que no tuve problemas para acceder a su galería de fotos. Comencé a deslizarme por las imágenes, esperando encontrar alguna pista sobre sus salidas nocturnas. Al principio, eran fotos inocentes: selfies con amigas, fotos de comidas deliciosas y paisajes bonitos. Pero luego, al llegar a una carpeta marcada como «Privado», mi corazón comenzó a latir más rápido. Abrí la carpeta y encontré una serie de videos que me dejaron sin aliento. Eran videos de mi madre, pero no eran selfies ni recuerdos de viajes. Eran videos de su cuerpo, mostrando cada curva y cada detalle. En el primer video, mi madre estaba en una habitación oscura, apenas iluminada por la luz de una vela. Llevaba un vestido negro ajustado que resaltaba sus curvas. Se ...