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Me presento
Fecha: 04/09/2026, Categorías: Transexuales Autor: Valeriasissy, Fuente: TodoRelatos
La luz del amanecer se filtraba entre las cortinas negras de mi departamento, anunciando el fin de otra noche de trabajo. Con un suspiro cansado, deslizaba las uñas esmaltadas de rojo por mi piel suave, disfrutando la ausencia de vello gracias a las hormonas y las depilaciones láser. Me llamo Valeria, tengo 27 años, aunque hace años respondía a otro nombre, uno que ya no recordaba con cariño. Sentada frente al espejo, pude verme reflejada en todo lo que había logrado ser: mi cabello negro y brillante caía en ondas sedosas sobre mis hombros, mis labios pintados de un tono fucsia ardiente contrastaban con mi piel pálida, y mis pequeñas curvas, esculpidas por los estrógenos, hacían que cada movimiento fuera una invitación. No era perfecta, pero no lo necesitaba. Los hombres que me buscaban no querían perfección—querían perversión, sumisión, fantasías oscuras. Y yo disfrutaba ser su juguete. La jaula de castidad, diminuta y ajustada, me recordaba mi lugar. Años atrás había sido más grande, pero poco a poco, como mi voluntad de resistir, se había reducido, igual que ese pedazo de mí que cuelga entre mis piernas. No me molestaba—al contrario, me excitaba. Saber que mi placer dependía de otros era una droga mejor que cualquier otra. Revise mi teléfono, ...
... ignorando los mensajes de mi familia. No hablábamos desde hacía años, desde que me vine a estudiar a la capital con una beca. No los odiaba, pero tampoco los extrañaba. Mi verdadera vida empezó cuando me liberé de sus expectativas. La universidad fue solo una excusa—en realidad, fue el lugar donde descubrí quién era realmente. Primero fueron las esporádicas escapadas en secreto, probando ropa de mujer en mi habitación. Luego, cuando el dinero empezó a faltar para el arriendo, vendí lo único que tenía de valor: mi cuerpo. Al principio lo hice por necesidad, pero la primera vez que un hombre me miró con lujuria, que me llamó "nena" mientras me pagaba, supe que era adicta. No solo al dinero, sino a la sensación de ser deseada, de ser su perra sumisa. Así, poco a poco, me convertí en un lujo reservado para unos cuantos. Discreta, exquisita, viciosa. Me acosté en las sábanas de seda negra, sintiendo cómo la fatiga empezaba a ganarme. Pronto, la ciudad despertaría, y yo dormiría. Así era mi vida. De día, una vecina discreta. De noche, la fantasía prohibida de aquellos que podían pagar por ella. Y, dios, cómo me encantaba Pronto iré contando mi historia desde mis inicios, mi proceso y todas las locuras que he hecho por dinero y porque me encanta ser una perra.
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