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En un verano de locos, estrené el culo a mi madre
Fecha: 07/09/2026, Categorías: Incesto Autor: Juan, Fuente: TodoRelatos
... pirata requería de un tiempo para prepararme bien. Tinté ligeramente mi cara de color con pintura al agua. Me coloqué un bigote y una barbita y un peluquín del que sobresalía una coleta. Anudé fuerte un pañuelo negro en la cabeza y me coloqué el antifaz que enmascaraba mi aspecto. Cuando llegué de nuevo, la fiesta estaba ya en pleno apogeo. Saludé a algún conocido comprobando que no me reconocían. Busqué entre los invitados y encontré primero a las amigas de mi madre. Me acerqué a Elena. —Buenas noches bella dama —la saludé. —¡Hola! Apuesto pirata. Espero que no seas de los piratas que tratan con esclavas. —Aunque lo fuera, a vos os haría primera dama de la corte. La dejé continuar nuestro rollo halagándola, hasta que apareció mi madre, radiante con su vestido blanco, su larga melena rubia cayendo por la espalda, sus ojos azules, sus sensuales labios y la intensidad de su mirada. Se la veía feliz aunque andaba un poco inestable en su andar. Me armé de valor y me dirigí a ella. —Buenas noches —la saludé. —¿Nos conocemos? —dijo ella con una sonrisa juguetona. —Aún no, pero espero que podamos hacerlo esta noche... —respondí, disfrazando mi voz. —Cuidado Marga, este pirata es todo un seductor —la avisó Elena. —¿Corremos peligro? —preguntó estudiándome. —Al contrario. Toda mi tripulación está a vuestro servicio. Aprovechando que otro invitado se acercó a Elena, la tomé del brazo y nos alejamos con dos copas de cóctel de champán. —Os ...
... vendrá bien tomar un poco de aire fresco en el jardín. Habéis bebido mucho. —No pensaréis raptarme. Mmm este cóctel está buenísimo. —Vos también lo estáis —exclamé. —¿No eres muy joven para hablarme así? Tu cara me resulta familiar... —murmuró, sin manifestar incomodidad con la intriga que ocultaba mi máscara. Dejé esa forma cursi de hablarla de vos. —Tu edad en cambio es indescifrable. No sé si tienes 18 o 48…. La música sonaba, la gente bailaba, unos en parejas, otros sueltos había de todo, damas de época, mujeres disfrazadas de Campanilla acompañadas de su capitán Garfio, piratas y bucaneros. Conocedor de su afición por el baile, tomé su mano y la llevé a una zona del jardín con una tenue luz, a modo de improvisada pista de baile. Comenzamos a bailar bajo las estrellas, con la música de la fiesta sonando de fondo, haciéndola girar sobre sí misma, susurrándole palabras sensuales que fueron aumentando su interés. Deslicé una mano por su espalda, acercándome más a ella, sin que ofreciera resistencia. Parecía que habíamos estado bailando juntos siempre. —Eres la mujer perfecta —le dije sabiendo que por mucho que hubiera descubierto el sexo, le encantaba ser piropeada y halagada—, no he encontrado una criatura tan sensual y excitante como tú en ninguno de mis viajes. Mi madre, que no esperaba este tipo de galanteo, se entregó en mis brazos. Lentamente, desplazándonos en cada giro fuimos alejándonos de la pista hasta que lejos ya de las miradas de los ...