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La boda de mis esclavas (parte 2)
Fecha: 15/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Autor: Claro99, Fuente: TodoRelatos
Una vez se había ido toda la familia de ambas, abandonamos la carpa de la boda y pasamos a la mazmorra que se encuentra en el sótano de mi chalet. Dos amigas, también sumisas, de ambas, procedieron a desnudarlas y cambiar, las muñequeras y tobilleras de encaje por unas de cuero del mismo color de las que portaban y vestirlas con arneses de cuero, del mismo color que los vestidos dejando sus pechos al aire, bien anillados los de Igone y todavía vírgenes los de Clara. Fue espectacular ver cómo las traían así, hasta donde estaba yo y el resto de invitados. Una vez que estuvieron frente a nosotros, puestas de rodillas, les fue afeitada la cabeza despojándolas de su largo y bonito cabello, y Clara fue anillada en sus pezones, como están todas mis sumisas. Las lagrimas no se hicieron esperar e Igone como buena esposa, tranquilizó y limpio cada una de ellas con su lengua, besando luego los pezones anillados de su esposa. Acto seguido se incorporaron, para poder agradecer, uno por uno a todos los invitados de la boda, que a modo de agradecimiento por la consideración, procedían a clavarles una aguja hipodérmica en sus pechos, ante los gestos de dolor de las dos desposadas. Al finalizar el saludo se les quitó los arneses, y se las ato de espaldas a dos cruces de San Andrés, dejando sus maravillosos cuerpos expuestos. Un amigo tatuador les tatuó en la nuca la inicial de la otra, como muestra de amor eterno y se ...
... las marcó a fuego con una combinación de las letras I y C. Tal y como mandan los cánones, procedimos a curarles la quemadura, y les dimos unos minutos para poder asimilar el dolor y calmarse, aunque fue difícil, dado que al abrazarse se les clavaban, todavía mas, las agujas de sus pechos, haciendo que gritasen de dolor, para el deleite de los invitados. A continuación, se les cogió a cada una de un brazo y se les llevo donde el lavabo, donde se les ordenó que cada una le quitara a la otra las agujas y limpiara sus pechos, dado que, al retirarlas salían pequeñas gotas de sangre de donde había estado la aguja, salpicando en el caso de Igone su gran tripa, y se les ordenó que limpiaran bien la sangre caída con agua helada para parar la hemorragia. Tras esto, procedimos a ponerles sus collares de acero con su argolla, que en vez de ser atornillados, fueron soldados de tal forma que fueran permanentes, y se les encerró a ambas, unidas por una cadena corta de los collares, en la celda con paredes de cristal que a partir de ahora sería su hogar, una maravilla que permite ver el interior pero a ellas no les permite ver lo que sucede fuera. Ahí estaban las dos abrazadas y doloridas, consolándose la una a la otra, ignorando lo que sucedía fuera de ella en la mazmorra. Creo que ambas serán muy felices como esposas y con el tiempo darán grandes alegrías, tanto a su Amo como a las demás sumisas de categoría superior.
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