1. Mi esposa argentina 8 parte 1


    Fecha: 07/10/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Lanfasone1, Fuente: TodoRelatos

    ... una vida pasada y que nunca volvería.
    
    Unos meses después……
    
    _Mira, que niño más bonito, que hambre tiene_ decía mi madre.
    
    El contraste entre ella y Gabriela, mi suegra era brutal, no es que mi madre no fuera guapa a su modo ni no se arreglara, pero al lado de mi suegra, de su aire felino y distinguido no había color.
    
    Además que ella cada vez parecía más joven y más guapa, en cambio mi suegro parecía más avejentado, más aún que todo ese año en el que no le había visto.
    
    Habíamos coincidido las dos familias en Alicante, ya que era un sitio de veraneo tradicional para nosotros, iba allí con mis padres desde pequeño.
    
    Manuel se prendía con ganas a la enorme y blanca tetaza de su madre, alimentándose con aire satisfecho, ante la mirada de sus abuelas, el pelo de Fernanda era rubio y sedoso, cortado en una media melena hasta los hombros, Sol estaba en la falda de mi madre, llevaba bien su papel de hermana mayor aunque la procesión de los celos le iría por dentro.
    
    Una primera prueba de la ingratitud de la vida que tendría que superar.
    
    Un advenedizo le había quitado el protagonismo excluyente.
    
    Salí del cuarto, mi padre y mi suegro habían hecho buenas migas, conversaban de política internacional a la que mi padre seguía desde siempre, la guerra fría había calado hondo en su imaginación.
    
    _Este hombre no parece argentino_ me había dicho mi padre como una especie de elogio.
    
    Gustavo, mi suegro sabía adaptarse bien a cualquier compañía y era un hombre ...
    ... inteligente.
    
    Mi cuñada Luana, había estado casi un mes viviendo con nosotros, era una chica muy maja, una gran belleza también, ahora había regresado ya para Argentina.
    
    Por la tarde, Fernanda había tomado algo de sol y luego se había zambullido en la piscina del hotel.
    
    _Yo no sé esta chica como hace_ decía mi madre.
    
    Yo miraba el cuerpo imponente de mi mujer desde la sombra de mi tumbona.
    
    _Hace solo dos meses que ha parido y mírala, parece que nunca hubiese estado embarazada_ le decía a mi padre, quien trataba de no fijar la vista en la figura de mi esposa.
    
    En realidad yo notaba algunos cambios con respecto al embarazo de Sol.
    
    Fernanda había vuelto a tener las tetazas a punto de reventar por estar amamantando, si sus pechos eran colosales ya desde antes, en este estado de lactancia es que eran exagerados, emergían de su torso fuerte y delgado como dos protuberancias carnosas y redondeadas y parecían querer volcar el resto del cuerpo hacía adelante.
    
    Y luego sus caderas me parecían ligeramente ensanchadas, su culazo, era ahora redondo y bestial, dos montañas de carne, plenas, lisas y tersas, sin el menor rastro de impureza, pero había una aire de matrona, de yegua que ha parido a su potrillo, indefinible, sus muslos macizos, sus piernas que ya sentían el rigor del ejercicio que ella misma se imponía, un rigor espartano, porque ese cuerpo suyo parecía estar despertando en todos los sentidos.
    
    Las últimas sesiones de sexo me habían dejado al borde del paroxismo y ...
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