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Tercera parte: Paulina no volvió hacer igual
Fecha: 08/10/2026, Categorías: Masturbación Autor: sayuri, Fuente: TodoRelatos
Tercera parte: “La casa fue toda mía… y yo fui toda de ella”Por Paulina La noche ya había caído.La casa entera estaba en silencio, iluminada apenas por los faroles de la calle que se colaban entre las cortinas. Y yo… yo caminaba completamente desnuda por el pasillo como si fuera mi templo, con la piel ardiendo, el cabello suelto y el cuerpo empapado de deseo. Mis muslos aún estaban húmedos, resbalosos de tanto tocarme. El aire acariciaba mis pezones erectos, que parecían gritar por más. Tenía el vibrador en la mano, uno de los penes sobre la mesa, el tapón puesto, y una tanga ajena colgando de mi tobillo como un trofeo de guerra. Fui al comedor, me subí a la mesa y me abrí por completo. Estaba tan mojada que chorreaba sin siquiera tocarme. Deslicé dos dedos entre mis labios y gemí fuerte, sin vergüenza.El primer orgasmo me sacudió rápido, brutal.Mi espalda se arqueó y mi voz rompió el silencio: —“¡Aaahh, sí... así, mierda, qué rico!” No me detuve.No podía.Ese no fue el único. Fui a la cocina, me apoyé en la barra, puse el vibrador dentro de mí mientras uno de los penes lo apretaba contra mi clítoris, y gemía mientras me movía con una necesidad feroz. Me venía una y otra vez, sin pausa.Orgasmos tan intensos que sentía cómo me temblaban las piernas. Y entonces pasó.El cuerpo me estalló desde adentro.Grité.El squirt salió de mí como una explosión, mojando la madera, mis muslos, el suelo.Un gemido profundo, sucio, descontrolado: —“¡Sí, mierda, ...
... SÍÍÍÍÍÍÍ...!” Mi mano resbalaba sobre mi propio jugo, el vibrador aún vibrando en mis entrañas.Caí de rodillas.No de dolor.De placer absoluto. Respiraba agitada. Me reía sola. Estaba suelta, viva, tan puta y tan mía como nunca. Me puse de pie tambaleándome. Caminé así, sudada, empapada, con el cuerpo temblando, hasta el pasillo largo. Me acerqué a la ventana grande, la que da a la calle.Me subí al marco, de nuevo.Desnuda.Con las piernas abiertas, sin cubrir nada. Y esta vez, no me importó quién pudiera ver. Desde allí, miré a la gente pasar: un par de señores con sombrero, una mujer caminando con su bolsa del mandado, un chico en bici. Ninguno me veía…¿O sí? Esa posibilidad me encendía más. Me abrí con dos dedos mientras observaba las luces de la calle.Mi otro dedo jugaba con mi pezón.Mi respiración era jadeo, mi cuerpo estaba al rojo vivo, el sonido de mis dedos entrando y saliendo de mí era tan obsceno que me mordí el labio para no gritar otra vez. Me vine allí.De pie.Con los pies temblando, la espalda pegada al vidrio, el alma hecha lava. —“Estoy enferma…” —susurré sonriendo— “y me encanta.” Esa noche dormí desnuda sobre el sillón de la sala, con la lencería tirada en el piso, los juguetes regados por la casa, y el cuerpo latiendo con cada recuerdo de lo que me había hecho. Ya no era Paulina la virgen.Ni la cuidadora.Ni la tímida. Era Paulina la que se corre frente a la ventana.La que moja el comedor.La que se toca en la cocina.La que gime como si ...