-
Martillazo inesperado
Fecha: 13/10/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos
... piernas abiertas. La tanga apenas estaba corrida y sentí la tela de su short contra mi piel. Me froté contra él sin vergüenza. Me levantó la remera y se metió un pezón en la boca. Lo mordió y lo chupó con una desesperación que me hizo excitar más. —Sos hermosa —dijo con la boca pegada a mi piel. Le saqué la remera y él bajó su short y bóxer de un tirón. Su pija estaba dura y gruesa. Metió su mano en mi boca, mojó la punta de su verga con mi saliva y me la pasó por la vagina. —Metela —le rogué. No esperé respuesta. Me la metió e iba sintiendo cómo me llenaba. Nos quedamos quietos un segundo, con los cuerpos tensos. Me sostuvo de la cintura y empecé a subir y bajar lento. —La concha de tu madre… —gruñó. Lo monté desesperada, con las piernas apretando su cuerpo y las manos enterradas en sus hombros. Me cogió como si nos hubiéramos necesitado desde hace años. —Qué rica sos, puta hermosa… Me agarró del culo y me apretó con fuerza, enterrando sus uñas en mis nalgas. Grité sin poder evitarlo. —Eso… así te quería coger —dijo con la voz ronca. Después me puso en cuatro, me metió dos dedos y los sacó empapados. Me la metió de nuevo y esta vez no hubo ...
... pausa. Me empujó hasta el fondo mientras me agarraba del rodete y me lo tiraba con fuerza. Grité de placer, él jadeó fuerte. La embestida se volvió frenética, ruidosa y sudada. Me apretó contra el sillón, metió la mano entre mis piernas y me tocó el clítoris. No aguanté más. Me tensé y gemí su nombre mientras llegaba al orgasmo. Él siguió un poco más, respirando entrecortado. Me la sacó y eyaculó en mi culo con un gruñido intenso. Se quedó quieto unos segundos, recuperando el aliento. Nos levantamos sin decir mucho. Me besó el cuello y abrazó. —Esto fue tremendo. No le respondí. Me bajé la remera y me acomodé el short. —Nos vemos, Ale. Salí de esa casa con la adrenalina al máximo. Cuando llegué, Aye, mi hermana mayor, me miró con curiosidad. —¿Dónde estabas? Helena, la del medio, me estudió con desconfianza. Yo estaba despeinada y el maquillaje de la noche anterior se me debía haber corrido. —Salí a caminar —respondí, agarrando una botella de agua. Me encerré en mi cuarto y me tiré en la cama, cansada. La sensación de Alejandro cogiéndome contra el sillón todavía estaba en mi piel. No lo volvería a hacer, pero tampoco me arrepentía.