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Emilia y yo.
Fecha: 15/10/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Hetero Voyerismo Autor: E3R, Fuente: SexoSinTabues30
... alborotado. Su camiseta estaba ligeramente subida, revelando la cinturilla suave del pañal que aún llevaba. Los dibujos apenas visibles contrastaban con su piel clara y su respiración tranquila. La miraste un momento, dejando que el silencio hablara por ti. Verla así —vulnerable, cómoda, sin miedo— era una imagen que difícilmente ibas a olvidar. Te acercaste un poco más, besando su frente. Emilia murmuró algo ininteligible y se acurrucó aún más contra ti. Fue entonces cuando lo notaste: su pañal estaba más hinchado que la noche anterior. No solo tibio, sino claramente usado. —Te portaste bien mientras dormías —susurraste, con una sonrisa. Ella se despertó con una risa suave, aún con los ojos cerrados. —Mmm… me desperté una vez en la madrugada y no quise moverme. Me sentía segura así. —¿Te hiciste mientras dormías? —Sí… y un poquito mientras soñaba contigo. Abrió los ojos lentamente, buscándote con la mirada. —Me gusta cómo me haces sentir… incluso cuando no estás tocándome. Deslizaste tu mano bajo la manta, hasta encontrar la curva húmeda y caliente del pañal. Emilia soltó un suspiro suave, guiándote con las caderas hacia ese punto donde la tela acolchada ya no podía contener del todo su deseo. —¿Puedo tocarte así… como estás ahora? —Por favor. Tu mano se movió con precisión pero sin apuro. Sentías cómo su cuerpo respondía a cada caricia, cómo sus piernas se abrían poco a poco, y cómo ella buscaba tu boca sin dejar de gemir ...
... bajito. La manta se deslizó hasta el suelo. El sol bañaba ahora todo su cuerpo, y tú la tenías frente a ti: con la camiseta recogida hasta el pecho, el pañal visiblemente usado, las mejillas sonrojadas y los ojos brillando de placer. —¿Sabes qué quiero? —dijo entre jadeos—. Que no me cambies todavía. Quiero venirme así. Quiero que sepas cuánto me gusta. Y tú se lo diste. Sin quitarle nada. Sin corregir ni un movimiento. Acariciaste, presionaste, jugaste… hasta que Emilia tembló, su cuerpo arqueado sobre las sábanas, mientras se dejaba llevar con un gemido largo, contenido por la almohada. Después, respirando agitada, se acurrucó otra vez junto a ti. —Te amo —dijo por primera vez, tan suave como una brisa. No respondiste enseguida. Solo la besaste. Lento. Con una ternura que hablaba más fuerte que cualquier palabra. Porque tú también la amabas. Con todo lo que era. Y con todo lo que aún estaban por descubrir. La casa estaba iluminada con una calidez hogareña. La mesa, cubierta con un mantel blanco y platos perfectamente dispuestos, ya estaba rodeada por risas suaves y el tintinear de cubiertos. Era la primera vez que Emilia asistía a una cena con tu familia. Estaba nerviosa, pero lo disimulaba con una sonrisa que no te engañaba ni un segundo. Llevaba un vestido suelto, color lavanda, que le caía justo por encima de las rodillas. Discreto, bonito… y lo suficientemente amplio como para que solo tú supieras lo que había debajo. Tus dedos lo habían sentido antes ...