1. Las aventuras de Benito y su perro “Husme” X


    Fecha: 24/10/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: Viejo Intrepido, Fuente: TodoRelatos

    ... animado y optimista termino diciéndolas – Incluso podéis quedaros a dormir aquí, si no se ve Fátima en condiciones de conducir, pues el vino es muy bueno, pero con bastantes grados, y aquí hay dormitorios de sobras.
    
    -Y todos muy grandes. – opino la hija – sobre todo el tuyo, vaya pedazo de dormitorio, vaya pedazo de cama y vaya pedazo de baño. Pero lo que más me ha llamado la atención es el vestidor que tiene anexo, con armarios para guardar la ropa de todo un ejército.
    
    -Entonces vamos a vuestro coche a por los bañadores, luego yo me quitare este traje que me queda bien pero que de alguna forma me incomoda, y me pondré cómodo. – dijo Benito a la vez que las acompañaba hasta la puerta de la casa ya que el coche estaba en la calle, justo en la entrada de la finca – Pero mejor entráis el coche a la cochera.
    
    Así lo hicieron, Fátima entro el coche en la cochera, aparcándolo al lado del Suzuki que Benito había comprado a Bea, y juntos los tres subieron a los dormitorios de la primera planta, donde Benito las invito a que se cambiasen en el que ellas prefiriesen, mientras el entraba en el suyo a quitarse la ropa que ese mismo día de había comprado y ponerse un pantalón de deporte y una camiseta de manga corta. Cuando salió de su dormitorio se quedó esperando a que las dos mujeres saliesen ya cambiadas y cuando lo hicieron no pudo evitar abrir la boca asombrado, pues los bañadores a los que se había referido la hija, eran unos bañadores deportivos pero diminutos, que si ...
    ... bien cubrían sobradamente sus pechos en la parte delantera, no así sus espaldas ni tampoco sus glúteos, ya que la parte baja era en forma de tanga, siendo insuficiente en el caso de la madre para cubrirle el recortado vello púbico que sobresalía un poco por los lados, no así en la hija que era evidente que lo llevaba totalmente depilado. Tanto la una como la otra estaban para que a Benito le diese un sincope, las dos morenas, ojos verdes, nariz respingona y graciosa, con una boca provocadora, y en cuanto a sus cuerpos sin un gramo de grasa ni de celulitis en el caso de la mayor, ya que más que madre e hija parecían hermanas. Sus pechos de un tamaño similar y nada despreciable se notaban duros y firmes y sus culos y sus piernas no tenían nada que envidiar a ninguna otra mujer, “ni siquiera a Patricia” pensó Benito que seguía mirándolas como atontado.
    
    Ante la actitud bobalicona pero también de fascinación con que las admiraba, ambas mujeres se sintieron poderosas, radiantes y hermosas y las dos a la vez rompieron a reír con unas carcajadas de sincero regocijo, y a Fátima fue lo último que faltaba para que se le quitasen todas las dudas, prometiéndose a sí misma que esa noche, después de cenar iba a dejar de ser doncella, aunque tuviese que compartir a Benito con su propia madre o con quien encartase. Pero antes de que alguno de los tres rompiese ese momento de mutismo mágico que se había creado, el móvil que llevaba en la mano Benito sonó y lo miro asombrado, diciendo:
    
    -Es ...
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