1. Danielita la traviesa.


    Fecha: 27/10/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Transexuales Voyerismo Autor: danielasolatrans, Fuente: SexoSinTabues30

    Soy un chico normal, de esos que pasan desapercibidos en la calle. Mido como 1.75, cuerpo promedio, ni flaco ni gordo, con el pelo corto y castaño que siempre llevo despeinado. Durante el día, uso jeans gastados, camisetas simples y tenis cómodos, nada que llame la atención. Pero cuando llego a casa y me meto en mi mundo, todo cambia. Me despojo de esa ropa de «hombre común» y saco mis tangas rojas de encaje, las que me aprietan el pene y me hacen sentir expuesto, o mis suspensores negros que me marcan las piernas. Me miro al espejo, mi verga dura debajo de la tela fina, y ya siento ese cosquilleo que me prende. Esa noche, después de un día cualquiera, decido salir. Me pongo mis jeans por fuera, pero debajo llevo mi tanga favorita, roja y diminuta, rozándome con cada paso. Llamo un taxi, y cuando subo, me topo con el taxista: un tipo de unos 40, robusto, con barba de tres días y una camisa a cuadros medio desabrochada que deja ver el pecho peludo. Tiene esa vibra de hombre curtido, con manos grandes agarrando el volante y una voz ronca que me saluda: «¿A dónde vas, amigo?». Le doy una dirección vaga, pero en mi cabeza ya estoy planeando algo más. Mientras el taxi avanza por calles mal iluminadas, saco mi celular y enciendo la cámara para una videollamada. Llamo a un contacto que siempre está listo para verme, y cuando contesta, le susurro: «Mira dónde estoy, papi». Apunto la cámara al taxista, que me echa un vistazo por el retrovisor, y luego bajo el lente para que vea mi ...
    ... mano deslizándose por mi pantalón. «Estoy con un taxista, y llevo mi tanguita puesta», digo en voz baja, y escucho cómo mi contacto empieza a jadear y a decirme: «Qué zorrita eres, desabróchate ya». El taxista, que no es tonto, capta algo raro y me dice: «¿Qué haces ahí atrás, cabrón?». Yo sonrío, nervioso pero excitado, y le digo: «Nada, solo charlando». Pero entonces decido ir por todo. Me desabrocho el jeans, dejo que vea el borde de mi tanga roja asomando, y le digo: «Si quieres, párate un segundo y te muestro algo». Él gruñe, pero estaciona el taxi en un callejón oscuro, girándose en el asiento con una mezcla de curiosidad y desconfianza. «A ver, qué tienes ahí», dice, y yo bajo el pantalón del todo, dejando mi pene duro apretado en la tanga y mi culo apenas cubierto por el hilo. Mi contacto en la videollamada empieza a decirme: «Qué putito rico, muéstrale todo a ese taxista». Yo saco uno de mis juguetes, un plug negro que siempre llevo en mi mochila, y lo enseño a la cámara mientras el taxista me mira con los ojos abiertos. «Métetelo, zorrita, quiero verte», dice la voz del celular, y yo, temblando de adrenalina, me bajo la tanga hasta los tobillos, me escupo en la mano y me unto el culo delante de él. El taxista suelta un «joder» bajito, pero no aparta la vista. Me meto el plug despacio, gimiendo para la cámara, y el taxista se mueve en su asiento, claramente duro debajo de sus pantalones. «Qué mierda haces, loco», dice, pero su voz tiembla, y yo le digo: «Mírame, papi, ...
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