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Segunda parte: “Paulina no volvió a ser la misma”
Fecha: 31/10/2026, Categorías: Masturbación Autor: sayuri, Fuente: TodoRelatos
A la semana siguiente, regresé a limpiar la casa . La pareja habia salido y se habian llevado los niños consigo . La casa, otra vez para mí.Y yo… ya sabía a lo que iba. Tan pronto se marcharon, recorrí los pasillos con una calma peligrosa. Cada rincón parecía invitarme a hacer algo indebido. Me acerqué al mismo cuarto, donde aquella bolsita seguía escondida. La abrí como si desnudara un secreto. Todo seguía ahí: el vibrador, los penes, el tapón… pero esta vez, mis dedos buscaron más allá. En un cajón, encontré su ropa interior. La de ella. Tomas delicadas.Tangas negras, rojas, una de encaje blanco con perlas diminutas.Un baby doll transparente con ligueros sueltos.Un sostén sin copas.Y todo… con el aroma de su perfume mezclado con algo más íntimo. Algo real. Me llevé una tanga a la nariz, cerré los ojos. Olía a deseo usado. A piel caliente. A pecado.Y eso me hizo hervir. No lo pensé. Me desnudé ahí mismo. Me puse esa tanga negra con encaje. Me quedó apenas, como si la prenda también me provocara. Luego, tomé uno de los vibradores, el más delgado, y lo encendí.No fui al cuarto. Esta vez fui directo a la mesa del comedor. Fría. Grande.Me subí.Me abrí.Me acosté boca arriba y puse el vibrador entre mis piernas, dejando que el motor encontrara mis gemidos. El eco en esa habitación era obsceno. —“Sí… así…” —gemía bajito, como si alguien pudiera oírme desde afuera. Cada tanto me detenía, solo para estirarme como una gata, moviendo la cadera en círculos, ...
... provocándome sola. Sentía la madera bajo mi espalda, dura, sólida… y eso me hacía querer retorcerme aún más. Después, ya empapada y deseosa de más, fui a la cama principal.Ahí olía a ellos. A sus cuerpos. A sus noches.Me puse el baby doll rojo. No tenía cierre. Solo caía como una telita sucia que no cubría nada. Me subí a la cama, de rodillas. Tomé uno de los penes grandes, lo más realista. Le puse lubricante, mucho, y lo coloqué frente a mí. Empecé a moverme sobre él, como si lo montara.Mi cuerpo se arqueaba.Rebotaba.Y decía cosas que jamás había dicho.Palabras sucias. Frases que no sabía que vivían dentro de mí. —“Dame más…”—“Me estás rompiendo…”—“Soy tuya, úsame…” La voz me temblaba, pero no de miedo. De gozo. De hambre. En la noche, ya cuando el aire se volvió más fresco, me acerqué a la ventana grande del pasillo, esa que daba a la calle.Me subí al marco, en cuclillas, desnuda, la lencería hecha un nudo en el piso. Afuera, nadie. Solo faroles y sombras.Pero la idea de que alguien pudiera verme me encendió como nunca. Me acaricié frente al vidrio, con el tapón en una mano y el vibrador en la otra. Sentía todo: el frío del cristal en mi pecho, el calor en mi entrepierna, el vértigo de estar expuesta. Y justo antes de terminar, dije mi nombre en voz baja, como si confesara algo: —“Paulina... puta escondida... ya no más.” Me corrí en silencio. Con fuerza. Con los dedos apretando el marco.Y cuando bajé, temblando, supe que nada volvería a ser como ...