1. El turno compartido La policía


    Fecha: 05/11/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Fetichismo Sexo con Maduras Autor: FYL07, Fuente: SexoSinTabues30

    ... tímida, pero sus ojos ya no evitaban los míos tanto. Se sentó en la misma silla, cruzó las piernas con más lentitud. Como si supiera.
    
    —Me da pena cómo me quedé dormida ayer —murmuró—. Espero no me hayas visto muy… desarreglada.
    
    Me quedé en silencio un segundo. El aire se volvió más denso.
    
    —Te vi como eres. Y me gustó —respondí, sin rodeos.
    
    Ella bajó la mirada y sonrió nerviosa. No dijo nada más, pero empezó a moverse diferente. Sus gestos se volvieron más naturales, menos cuidados. Empezó a sudar sin miedo, a levantar los brazos al estirarse sin disimulo. Dejaba que el olor brotara, y lo hacía como si por fin se sintiera libre de ocultarse.
    
    Con el paso de los días, las charlas se volvieron más íntimas. Me contaba cosas de su esposo, de lo monótono que era, de cómo ella siempre se sentía obligada a actuar como “una señora decente”.
    
    —Nunca me he dejado ver toda… así —dijo un día, mirándome de reojo mientras fingía revisar una libreta—. Él no sabe cómo soy sin ropa, ni cómo me huelo después del trabajo. Siempre me baño antes, me tapo. Me da pena.
    
    Esa confesión quedó en el aire, colgando como un susurro sucio en un lugar sagrado.
    
    —Pero tú me viste —agregó más bajo aún—. Y no dijiste nada feo. No te alejaste.
    
    Me acerqué, lento, sin tocarla. El olor a sudor fresco mezclado con algo más fuerte, más íntimo, me golpeó directo.
    
    —Al contrario —le dije—. Me gustó verte así… sin filtro, sin pena. Como tú eres.
    
    Ella tragó saliva, con los ojos húmedos, ...
    ... nerviosa. Por dentro, lo sabía: su cuerpo empezaba a traicionarla. Ya no quería esconderse. Quería más.
    
    La cuarta noche fue distinta. No hizo falta que dijéramos nada para sentirlo. La oficina estaba callada, iluminada solo por la lámpara del escritorio, y Patricia ya no se esforzaba por mantenerse “compuesta”. Tenía la camiseta empapada de sudor bajo los brazos, el faldón desacomodado, y su aroma se había vuelto parte del aire.
    
    Yo no lo evitaba. Lo respiraba.
    
    En un momento de silencio, mientras ella jugaba con un bolígrafo y miraba la pared, me soltó la pregunta sin verme directamente:
    
    —¿A ti qué te gusta… de una mujer?
    
    Su voz salió bajita, con esa mezcla entre curiosidad y miedo a la respuesta. Me tomé mi tiempo antes de contestar.
    
    —La verdad… me gusta cuando una mujer no finge. Cuando no se depila si no quiere, cuando huele como es. Me gustan las axilas peludas, el sudor… hasta el calzón sucio si ha tenido un día pesado. Todo eso. Me gusta que sea real.
    
    Ella se quedó en silencio. Su mano temblaba apenas sobre la libreta. Tragó saliva. No se escandalizó. No se rió. Solo dijo:
    
    —Nunca había escuchado eso… nunca.
    
    Me acerqué un poco.
    
    —¿Y tú? —le pregunté con suavidad—. ¿Tienes algún fetiche? Algo que nunca le hayas dicho a nadie. Ni a tu esposo.
    
    Su rostro se encendió como si le acabara de confesar una fantasía propia.
    
    —No sé si sea un fetiche, pero… —hizo una pausa— me da algo… cuando me sudan las axilas y alguien me ve. Siempre me daba pena… pero ...
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