1. Mi primo me hizo puta


    Fecha: 06/01/2026, Categorías: Confesiones Tus Relatos Autor: Egon, Fuente: RelatosEroticos-Gratis

    ... mano de ese pecho, y la pasé al otro. Esa fue la señal para que él comenzara a meterle mano. Ella impávida, y ya caliente,  manoseada a cuatro manos.
    Así, relajada, semirreclinada, con los pechos y el mono a la vista, la falda hasta la cintura. Respirando muy agitada acariciándonos el bulto de la entrepierna. Nuevamente me reí, cuando Rutilio, llegó a la entrepierna. ¡Sintió que no había chones! Me vió de ojotes abiertos. Solo me reí y él también, sin más nos pasamos a dedarla. Sin dudar, abrió las piernitas, y pujaba, ya abiertamente moviéndonos las picas, muy duras. Nos abrimos las braguetas para ponerle los puñales en las manos. Nos los apretaba con gula. En seguida estaba con la falda a la cintura, sentada al borde de la butaca, viniéndose con nuestros dedos moviéndola le bolita. ¡chorreaba líquido! 
    Le murmuré al oído: ¡Estás muy loca amor! 
    No. Me respondió con voz muy ronca: ¡Estoy muy puta!
    ¡Siii! ¡Quiero cogerte putota cabrona!
    Siiiiii… yo también, quiero que me metas tu pito… ¡todooo! Y él también…
    Le dije a Rutilio, vámonos al coche. 
    Sin decir nada, salimos… muy nerviosos los tres, cada varios pasos, la nalgueábamos, ella solo se reía y nos apretaba las manos contra sus nalgas. O nos manoseaba los pitos.
    Al llegar. Ellos se fueron a un al lado del coche, me fui al otro lado y entré. La putita, ya estaba arrodillada sobre el asiento, con Rutilio de pie atrás chingándola. Me acomodé, le puse mi camote para mamar. Ella feliz, putísima entre los dos. 
    Le ...
    ... decía: ¡Así putota, así te quiero de perrota, cogida por dos palotes… siii sabes coger y mamar muy bien chupapollas cachonda!
    Se vino rápido, y Rutilio poco después. Me di la vuelta y, para su alegría, me la monté: ¡Que bueno amor… (me decía) Que bueno… si , quiero que me la metas, que me metas tu vergota, igual que este cabrón…
    Se me ocurrió otra idea salvaje.
    Le dije a Rutilio: ¡vamos! Te voy a enseñar otra cosa… tú manejas. Lo fui guiando hacia la salida de la ciudad, al Anillo Periférico.
    La facilona me vió frunciendo el ceño, sin decir nada. Le dije, vamos al Periférico, ya sabes como es. 
    Se rió ¡Siiii! Dejándose cachondear sabroso, moviendo mi pepino.
    Ya en la parte solitaria, le dije que bajara la velocidad. Entramos a la parte muy solitaria. Ella ya sabía y se sonreía. 
    Mámame, gato…
    ¿Gato? Me respondió.
    Bueno… ¡Putita, pues!
    Sin decir más nada, riéndose, se bajó a lamer camote… 
    Rutilio, a vuelta de rueda, no dejaba de vernos y oírnos, riéndose. Me vine y le dije con voz ronca:
    Voltéate. Lo hizo, quedando de espaldas con la cabeza en mis piernas, mi mano moviéndole la panocha, haciéndola venirse con grandes espasmos. A Rutilio ya se la había olvidado donde estábamos, estaba hipnotizado viéndola. Dejé pasar unos minutos, acariciándola suavemente. 
    ¡Cambiamos amigo! Es tu turno, espero que sepas que hacer...
    Siiii, y sin más cambiamos de lugar.
    Se acomodó y ella, sin decir nada, se bajó a hacerle limpieza de sable, que ya estaba bien duro. Estaba tan ...