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Esposa dormida
Fecha: 27/07/2026, Categorías: No Consentido Tus Relatos Autor: Esposa no despierta, Fuente: RelatosEroticos-Gratis
Luz se dejó caer en el sofá con un suspiro de alivio, sus pies descalzos colgando sobre el reposabrazos mientras Raúl le ofrecía una de esas pastillas que siempre guardaba en el cajón de la mesilla. "Tranquila, amor, solo te ayudará a dormir mejor," murmuró él con esa sonrisa que a veces le ponía los pelos de punta. Luz, exhausta tras otro turno interminable en la oficina, no sospechó nada cuando tragó la pastilla con un trago de agua. Se recostó, sintiendo cómo el peso de los párpados la vencía, y en cuestión de minutos, su respiración se volvió profunda y rítmica. Raúl esperó hasta estar seguro de que dormía como un tronco antes de sacar el teléfono. Marcó un número y, con voz calmada, dijo: "Ya está lista. Venid cuando podáis." Colgó y se sirvió un whisky solo, disfrutando del primer sorbo como si fuera el preludio de una noche de diversión. Minutos después, cinco hombres entraron en el apartamento como si fueran dueños del lugar. Luz seguía boca arriba, con la misma ropa con la que se había ido a trabajar, bajo una sábana fina que apenas la cubría. Su piel morena brillaba bajo la luz tenue del pasillo, y su pecho subía y bajaba con lentitud. Los recién llegados no perdieron tiempo: la descubrieron al instante y, sin pudor, le arrancaron la sábana de un tirón. Poco a poco empezaron a desabotonar el pantalón para poder bajárselo. Mientras unos acariciaban sus piernas y sus muslos, otros desabotonaban la blusa, dejando a la vista su sostén negro a juego con sus bragas ...
... de encaje. —Joder, Raúl, qué buena está tu mujer —dijo uno de ellos, pasando una mano callosa por el muslo de Luz. Ella ni se inmutó, completamente ajena a lo que iba a pasar. Raúl, apoyado en el marco de la puerta de la sala, observaba con una erección que ya le tensaba el pantalón. "Es toda vuestra," dijo con voz ronca, antes de desaparecer hacia su habitación para dejarles intimidad. Los cinco se desnudaron sin prisas, sus cuerpos musculosos y marcados se recortaban contra la oscuridad. Luz seguía inmóvil, pero su pecho se movía con cada respiración lenta. Uno de ellos, un tipo con una cicatriz en forma de media luna en el hombro, se acercó y le apartó un mechón de pelo de la cara. —Quédate quieta, nena —susurró, antes de darle un azote en el culo que la hizo llorar en sueños. Entre risas y murmullos, la colocaron boca abajo sobre la alfombra. Luz no opuso resistencia cuando le ataron las muñecas a la espalda con unas cuerdas que alguien había traído. Su culo redondo quedó expuesto, pálido y tentador bajo la luz de la lámpara de pie. Uno de ellos se arrodilló detrás de ella y, sin más preámbulos, le escupió en el ano antes de empujar con los dedos, preparándola. —Joder, qué apretado lo tiene —dijo otro, mientras se agachaba para lamerle el coño. Luz arqueó la espalda levemente, aunque seguía dormida. El primero que había empezado a jugar con su culo se colocó en posición y, sin compasión, empujó su gruesa verga contra el ano de Luz. Ella soltó un grito ...