1. Con ayuda de mi suegro


    Fecha: 06/11/2018, Categorías: Incesto Infidelidad Autor: Sandra_lujuria, Fuente: CuentoRelatos

    ... pendiente- Me puse de pie y haciendo acopio de todo mi valor me planté frente a don Fernando.- Bueno ¿y cuánto me vas a pagar por tu chistecito? -Eso depende. Si te portas bien, voy a darte un buen dinero. Si te portas como una grosera, te voy a dar cien pesos. -¿Y qué es portarse bien? -Pues que me dejes agarrar, que te pongas como yo te digo, esas cosas. -Nada de tocar ¿Qué te has creído que soy? Nada más me voy a quitar la ropa. -Entonces olvídalo y quítate de ahí, me tapas la tele. Viendo cómo se esfumaba mi oportunidad, agaché la mirada y le dije –Está bien. Voy a dejar que me toques, pero con la condición de que no te saques la pija delante de mí. -Mira, te voy a pagar cinco mil pesos por esto. Si me saco la pija o no, es asunto mío. Ándale, vete sacando los trapos, que me va a dar sueño. Cinco mil pesos es una miseria para los grandes planes que tenía. Para empezar, necesitaba al menos el doble para ir a ver a mi hermana. –A ver, viejo cochino. Me vas a dar diez mil pesos y te dejo que me toques y te masturbes si quieres ¿Estamos? -Así me gusta, ya voy viendo tu precio, lindura. No sabes la cantidad de semen que me he sacado pensando en ti. Trato hecho- Se acomodó en el sofá e inmediatamente se desabrochó el pantalón para sacar un pene más robusto y largo que el de Roberto. Me fui quitando la ropa ante la mirada fija del viejo que se acariciaba el miembro disfrutando de cada prenda que abandonaba mi cuerpo. Cuando me quedé en ropa interior, don Fernando se levantó ...
    ... de su lugar y fue a tocarme. –Qué buena estás, Sandrita. Qué pena que el pendejo de mi hijo no te complazca, tienes un cuerpo bárbaro- sus manos rodearon mis senos sobre mi sujetador y tuve que aguantar el asco que me provocaba. Desabroché mi sostén y en cuanto cayó al piso, mi suegro me abrazó. -Nada de abrazarme, ya bastante hago dejando que me toques- Chasqueó la boca como con desilusión y me soltó. -Bueno, pero déjame quitarte esa tanguita que se te mete tan rico entre las nalgas- Ni siquiera esperó a que le contestara y me despojó de lo último que me cubría. Luego volvió a sentarse y me pidió que le enseñara el culo. –Oh, Sandrita, qué rico has de apretar con ese hoyito que tienes ahí- acercó sus manos a mis nalgas y me hizo dar un salto cuando trató de meterme un dedo en el ano. -No te pases de listo, nada más toca por encima. Hazme caso o me visto. -Calma, niña. Es que uno no se puede contener. Ven siéntate en mis piernas, te prometo que nada más voy a agarrar-. Le creí y me senté en sus rodillas. Sus manos recorrían todo mi cuerpo y el endurecido miembro de don Fernando estaba atrapado entre mi nalga y su abultado vientre –Abre tantito las piernas, te voy a tocar por encima, te doy mi palabra- Su mano se coló en el interior de mis muslos hasta alcanzar mi vulva, sus dedos se perdían entre mi vello púbico, pero no hizo trampa. -¿No quieres agarrar tú también Sandrita? -Que atento, gracias, pero ¡No!- le dije con sarcasmo y pensando la manera de conseguir más dinero ...
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