1. Aventura en el Ave


    Fecha: 03/01/2019, Categorías: Confesiones Autor: morboso1957, Fuente: CuentoRelatos

    ... en el maletín del ordenador, se me cae y de nuevo la señora, se agacha y me lo da, pero no sin antes leer lo que el revisor había puesto, pidiéndome excusas por su curiosidad. Habría pasado una media hora de viaje, cuando decido levantarme e ir a la cafetería a tomarme algo fresco y así por lo menos estirar un poco el cuerpo que tenía algo encogido debido a la postura forzada para no tocar el cuerpo de mi compañero de asiento. Llego a la cafetería y pido una cerveza. Cuando me la está sirviendo oigo una voz a mi lado. —Vaya viaje incómodo que vas a pasar. Disculpa, me llamo Pilar. — Yo José. Encantado. Y si, es un poco incómodo ir así apretado, pero también es cierto que no todo es malo. —Ya he visto que te han ofrecido cambiar de asiento y no has aceptado, por ahora, me dijo sonriendo. —Siii le dije devolviéndole la sonrisa. ¿Te apetece tomar algo? —Otra igual que la tuya. Le sirven la cerveza y empezamos una charla animada durante unos minutos, durante los cuales, nos fuimos informando uno del otro. Pilar tenía 52 años, estaba casada y era médico en el Hospital Gregorio Marañón. Tenía un hijo que estudiaba ingeniería y estaba de Erasmus en Holanda. Su marido, ingeniero, trabajaba en Endesa y ahora estaba de viaje de trabajo en China. Viaje que aprovechó para cogerse unos días de asuntos propios y venirse a Valencia a pasarlos con su hermana. Mientras me contaba todo esto, yo me iba embebiendo de sus ojos, su boca y su sonrisa. No paraba de sonreír y eso me cautivaba. En ...
    ... un movimiento un poco brusco del tren, Pilar, que estaba apoyada contra la pared del vagón, perdió un poco el equilibrio y se vino hacia mí que tuve que sujetarla por la cintura para que no se cayera. —Ves, si me hubiera cambiado de asiento no te hubiera podido ayudar. — Gracias, me dijo. —También me hubiera perdido esa sonrisa. —Gracias, volvió a decirme. —También esos ojos que, permíteme, no había visto nunca ninguno con ese brillo, si del color, pero el brillo es deslumbrante. —Gracias, de nuevo. — ¿Vas a pasar todo el viaje dándome las gracias? —¿Y tú vas a pasar todo el viaje adulándome? — No es adulación, es la realidad, pero si fuera necesario lo haría. —¿Hacerlo para qué? —Para estar más rato contigo y sonreír de nuevo. —Bueno, pues entonces ya no te daré más las gracias, con esto será suficiente y acercándose un poco más, me puso la palma de la mano en una mejilla y me dio un beso en la otra, muy cerca de la comisura de los labios. Ummm, sentí un latigazo entre mis piernas al notar el calor de su mano, de sus labios y el olor que desprendía su cuerpo. Pilar se retiró un poco, volvió a apoyarse en la pared del vagón, pero dejó una de sus manos encima de mi brazo, cerca de mi mano, que sin temor a exagerar, puedo decir que me estaba quemando. ¡Ufff!, como me estaba poniendo esta mujer en solo unos minutos de conversación. Yo seguí contándole de mi trabajo, donde vivía, que iba a hacer en Madrid, los días que iba a estar y mientras disimuladamente o no, de vez en cuando ...
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