1. "Cómo acabamos con la monotonía".


    Fecha: 09/01/2019, Categorías: Sexo con Maduras Primera Vez Autor: lujuria69, Fuente: xHamster

    Me llamo Luis, tengo 53 años y estoy felizmente casado con Susana, una ama de casa de 48, rostro dulce y risueño, estatura normal en una mujer, pelo castaño, poco pecho tipo manzana y caderas algo anchas (culona dice ella). Como en cualquier otro matrimonio, tras tantos años de convivencia, la monotonía estaba convirtiendo el mismo en algo soporífero y aburrido, por mucho que nuestro amor continuara tan firme como el primer día. Nuestras relaciones sexuales habían llegado al extremo de ser infrecuentes, limitándose a “cumplir” de vez en cuando, sin que nada pudiera hacer creer que esto pudiera revertirse. Hace unos meses, invité a un amigo y compañero de trabajo a ver un partido de fútbol de pago en nuestro domicilio, ya que él carecía de este tipo de suscripción, y alguna que otra vez me había insinuado la posibilidad de poder ver a nuestro equipo en mi casa. Se trataba de Juan, de 39 años, un hombre bastante alto y delgado, soltero empedernido, y extremadamente locuaz y extrovertido. Aquella noche, tras personarse en nuestro domicilio con un pack de latas de cerveza, fue presentado a mi esposa, la cual, si bien no lo conocía personalmente, me había escuchado hablar abundantemente de él. Juan, soltero por convicción, y versado en el arte de la conquista de féminas, inmediatamente desplegó su repertorio de halagos a mi esposa, la cual, poco acostumbrada a ese tipo de comportamiento, increíblemente para mí, lejos de “incomodarse”, aparentó encajar aquellos piropos y halagos ...
     con “especial” interés, sonriendo constantemente. La velada “futbolística”, a la que se unió Susana a pesar de no gustarle el fútbol, transcurrió entre cerveza y cerveza, y prosiguió a la finalización del mismo con unos cubalibres bien cargados de ron, que si bien no llegaron a embriagarnos, si aumentó nuestra locuacidad y desinhibición a cotas inasumibles en otras circunstancias. Yo mismo fui el que sacó a relucir el tema sobre que los solteros contaban con una “mejor vida sexual que los casados”, citando a la “monotonía” como principal problema en un matrimonio. En aquel ambiente desinhibido fomentado por el alcohol, la “discusión” fue elevando el tono erótico de la velada a cada segundo que pasaba, con insinuaciones constantes de Juan sobre la “conveniencia” de abandonar la monotonía matrimonial abriendo el mismo a “juegos” eróticos de cualquier índole, sin descartar incluir a “terceras personas”. Podéis imaginar mi asombro, cuando Susana, mi dulce y pudorosa esposa, soltó un “pues... a mí no me importaría practicar ese tipo de juegos eróticos... aunque fuera sin penetración, si con ello mejoraran nuestras relaciones matrimoniales”. Juan, aprovechando mi estupor, recogió el guante, y fingiendo bromear se ofreció inmediatamente a “jugar” con nosotros, comprometiéndose a no propasar los límites que dictáramos. El alcohol no llegaba a cegarme, habiendo percibido tiempo atrás las disimuladas miradas lascivas que Juan lanzaba a mi esposa, adivinando perfectamente que lejos de ...
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