1. PEDRO, EL MEJOR AMIGO DE MI MARIDO


    Fecha: 10/01/2019, Categorías: Confesiones, Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Tengo 40 años, recién cumplidos. Soy rubia, de ojos azules, delgada y guapa. Me casé a los 18 años. Tenemos un hijo y una hija. Soy licenciada en Bellas Artes. Nunca he trabajado en lo mío, ni me interesa hacerlo, me gusta ser ama de casa. Mi marido y yo nos contamos nuestras fantasías. Por poner un pequeño ejemplo. Como nos gustaban la Jolie, a él, y el Brad, a mí. Una vez, nos masturbamos, uno al lado del otro, desnudos los dos en la cama, pensando en ellos, y cuando estábamos a punto, me la metió y nos corrimos juntos, pensando, él, que se la llenaba a la Jolie, y yo, que me la estaba llenando Brad. Mi noche inolvidable se comenzó a fraguar el día que mi marido me preguntó: -¿Qué quieres de regalo para el día de tu cumpleaños? -Un polvo inolvidable - le dije, medio en serio, medio en broma. -Lo tendrás. Unos días más tarde, mi marido, hizo una reserva para cenar y dormir en un hotel, y me dijo que el día de mi cumpleaños, en ese hotel, se iba a hacer realidad una de mis fantasías. Ese mismo día me compré un vestido rojo, apretado, con un gran escote, zapatos rojos y lencería roja. Llegó el día de mi cumplreaños. Llegamos al hotel a las diez. Al sentarnos a la mesa, vi que había platos para tres. Pensé que mi marido había invitado a la chica de la oficina que le gustaba y que, según él, era bisexual. Esa noche haríamos un trío. Me encantaba la idea. El polvo iba a ser inolvidable. Mi sorpresa fue mayúscula cuando se unió a nosotros, Pedro, un joven de treinta años, soltero, ...
    moreno, alto, musculoso, y de ojos azules, que era el mejor amigo de mi marido, y que mi marido sabía que me gustaba, que me gustaba a rabiar. -Buenas noches- dijo Pedro, sonriendo, con aquella sonrisa suya que cautivaba. -Buenas, Pedro - le dijo mi marido. -Buenas -dije yo, sonriendo a mi marido. Pedro, se sentó a la mesa, me sonrió, y mi sexo comenzó a latir. Me gustan los langostinos. Me gustan las cigalas. Me gusta el besugo. Me gusta la ternera, pero casí no cené, y es que no me daba llegado la hora de estar a solas con los dos. El momento llégó. Al estar en la habitación, mientras Pedro, abría una botella de champán que dejaran en una cubitera, y llenaba una copa, mi marido, entre besos, me quitó el vestido y me dejó en sujetador, ligueros y medias, ya que se me dio por no llevar bragas, en su lugarr se veía mi rubio vello púbico. Luego, se puso a mis espaldas, y me quitó el sujetador, mientras me besaba el cuello. Pedro, llegó a mi lado. Lllevó la copa que traía en su mano a mis labios y me dio de beber. Tomé un sorbito. Me besó, dulcemente. Luego lo hizo mi marido. Bajé la cremallera del pantalón de Pedro. Saqué su miembro. Estaba empalmado. No medía más de 15 centímetros, pero era gorda, casi el doble de gorda que la de mi marido. Me arrodillé y se la empecé a chupar. Mi marido, también empalmado, se puso a su lado. Se la chupé a los dos. Estaba tan mojada que sentía caer gotas de mi flujo vaginal sobre la alfombra de la habitación. Si me meto un dedo, me corro como ...
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