1. El taxista


    Fecha: 11/01/2019, Categorías: No Consentido, Infidelidad, Autor: FilosofoAullado, Fuente: CuentoRelatos

    tierna y hermosa. Está bien, prefiero los sintéticos, dije, no sé por qué. Después de nuestra breve charla, se durmió unos minutos. Pude contemplar ahora sí, sin remordimiento, su cuerpo. Estaba un poco llenita, pero tenía unos senos enormes, inmediatamente imaginé sus pezones que deberían de ser rosáceos y grandes, unos caramelos que deleitarían cualquier boca. Sus piernas eran duras y gruesas, pude ver los tatuajes con más detalle. Siempre me han gustado las mujeres tatuadas y aquella chica, dentro de mi taxi, es una de las más hermosas que he visto en mi vida. Su nariz tenía una estructura perfecta y dormida parecía un ángel bajado del cielo, una señal divina o algo así. Pensé en todas las religiones, en todos los dioses y en todos los rituales. Un demonio en mi sangre, que no pude contener, me llevo a poner mis manos en sus muslos, eran suaves como la seda. Los acaricie un rato y cuando pensé en subir un poco la mano, despertó. Me siento muy ebria, me dijo apenas volvió a abrir los ojos. ¿No traes un levantón? Me preguntó con una sonrisa encantadora. Traigo un poco, pero te va a costar, le respondí con otra sonrisa. Vamos a un hotel, dijo ella más molesta que excitada, no puedo llegar así a mi casa. La lleve a un autohotel que ya estaba cerca de su casa. 700 por cuatro horas, me dijo la empleada. Los pagué y encontré el cuarto. Estacioné el coche y fui a abrirle la puerta y ayudarla a subir las escaleras. El cuarto no era la gran cosa, tenía una tele, una cama con una ...
    cabecera que ya incluía los burós con dos lámparas y un sillón de piel, de esos con forma extraña que sirven para hacer no sé cuántas posiciones sexuales. Yo nunca los he utilizado. Prendí la tele y todos los canales tenías películas pornográficas. No me importó, la dejé puesta y me puse a hacer unas líneas en el buró, a un lado de la lámpara. Ella inhaló primero, dos líneas por orificio de nariz. Yo, por acompañar, otras dos. Ella se sentó al borde de la cama y yo me senté a un lado acariciando sus muslos, de nuevo, esa sensación tan placentera y encantadora me hizo estremecer los nervios de puro placer. No, no, espera un poco, dijo ella con las palabras barridas, seguía borracha y lamenté no haber comprado más alcohol en el camino. Me puse de rodillas frente a ella y comencé quitándole sus zapatillas negras, para inmediatamente besar su empeine e ir subiendo dando pequeños besos en sus pantorrillas y sus rodillas, un poco más hasta sus piernas. Ella se recostó en la cama y cerró los ojos. Seguí besando, siguiendo el camino que dictaba su tatuaje. Llegué a sus labios vaginales y los besé por encima de las bragas, busque el resorte y lo jalé con los dientes para dejar al descubierto su mata, unos vellos, no demasiados pero que me hacían recordar que se lo estaba haciendo a una mujer adulta. Ella cerró las piernas de repente y me dijo que no le gustaba. Esto no está bien, yo tengo novio, dijo apenas como susurrando para después acostarse en una posición fetal y dormirse. Me hice ...