1. El taxista


    Fecha: 11/01/2019, Categorías: No Consentido Infidelidad Autor: FilosofoAullado, Fuente: CuentoRelatos

    otras dos líneas de cocaína. Cuando volteé me excitó la visión de ella completamente borracha y con las bragas en los tobillos. Tenía la falda levantaba y se veían a la perfección sus hermosas piernas y una pequeña porción de su pubis. Comencé a desabotonar su blusa. A esas alturas la chica se veía completamente dormida. Sus pechos eran más grandes de lo que creí, en lugar de presumirlos, la chica los apretaba con el sostén y la blusa para que se le vieran menos; eran realmente grandes, aun con el sostén puesto se veían placenteros, di gracias al cosmos por mi suerte y quité el broche del sostén. La chica estaba completamente desmayada, me pareció raro por la cantidad de cocaína que había ingerido. Por un momento pensé que fingía, eso me excito aún más y la desvestí completamente; comencé a besarle los pezones dulces, sabían delicioso, y a darle pequeñas mordidas. En las mordidas ella comenzó a despertar de nuevo y subí a besarle la boca mientras mis dedos acariciaban con ternura y devoción sus labios vaginales y su clítoris. Ella respondió el beso y me dijo un nombre que no era el mío. No me importó y continúe masturbándola, mis dedos se movían con sigilo y fuerza, en movimientos ondulatorios y noté cómo ella humedecía y me correspondía el beso metiendo su lengua en mi garganta. Abrí sus piernas y comencé a meter los dedos dentro de su vagina, estaba apretada y caliente; imaginé que mis dedos eran antiguos aztecas en una danza para invocar al Dios Tláloc. Ella comenzó a ...
     lloverme en las huellas dactilares. Sus besos eran apasionados y con sus manos me atraía hacia ella para meterme la lengua en la boca en una danza esquizofrénica y deleitosa. Mi verga estaba durísima y la saqué de mi pantalón para restregar el glande en su clítoris y pubis, sin penetrarla, sólo jugando. Mi miembro creció y se puso grueso, con toda la sangre de mil vidas acumulada; un caos apasionante, un azar embriagante. Me volvió a decir el nombre desconocido y abrió los ojos. Se asustó y dijo, ¡Tú no eres mi novio!, entonces me empujó y se puso a gritar. Inmediatamente le tapé la boca con mi mano izquierda. Mi mano es tan grande y su carita tan pequeña que casi le alcanzaba a cubrir toda la cara. Con la mano derecha abrí sus piernas y encaucé mi verga hacia su pequeña caverna, mi grosor se abrió camino por su hendidura. Su mirada estaba completamente desorbitada y comencé a embestirla con fuerza y rudeza. Estaba muy mojadita y entré sin problemas; ella cerraba las piernas y yo se las volvía a abrir y arremetía con más fuerza, en repeticiones enloquecidas, como un animal colérico y enfurecido, una y otra vez. De repente, sentí cómo ella dejó de resistirse y abría sus piernas o las ponía alrededor mío para que pudiera penetrarla a mi antojo. Le quité la mano de la boca. Y ella comenzó a gemir complacida, pidiendo más. Cógeme, dijo ya completamente extasiada. Súbete, le respondí y me senté a la orilla de la cama para que ella se subiera. Se paró de la cama tambaleándose. Se hizo ...