1. CONFESIÓN


    Fecha: 21/07/2019, Categorías: Dominación Autor: lib99, Fuente: RelatosEróticos

    ... circunspecto pero tenso y sudoroso del religioso –con la mirada fija en la silueta de Concha medio oculta por la celosía– disimulaba la fuerte erección que abultaba la tela de la sotana. –¿Y tú, hija? ¿Tú también le tocas? –Yo… sí, padre. –¿Y cómo lo haces? –A él le gusta que coja su… miembro y lo acaricie. Paso mi mano por todo él, de arriba abajo, deslizando la piel de su prepucio sobre el glande. –Sí, sí… continúa. –Lo sobo una y otra vez hasta que alcanza el clímax y… –¡Sí, sí, sí! –Y… y él se desborda, lanzando un chorro de su esencia… –Ya –don Julián apenas podía hablar–. Esto… esto es muy grave, pequeña. Tu alma se halla en peligro mortal por culpa de tu lujuria. –Padre, yo… yo… ¡lo siento! –La congoja cerró un nudo en la garganta de la adolescente–. Quiero enmendarme padre, no quiero seguir en pecado. –Muy bien, hija mía, tranquila. Aún no es tarde. Si tu arrepentimiento es sincero nuestro Señor sabrá ser magnánimo en su infinita misericordia. Ahora, acompáñame a la sacristía para que te imponga tu castigo. Salieron ambos del confesionario, acompañados por el fuerte eco de sus pisadas en el amplio y vacío espacio de la iglesia. El padre Julián cedió el paso a la chica y desde atrás repasó con ávida mirada la joven anatomía que tantas veces había deseado. El rostro aún aniñado de Concha, casi angelical, contrastaba con un curvilíneo cuerpo de carne joven pero prieta, pequeños y firmes pechos, cintura estrecha y caderas potentes que dibujaban un culo redondo, erguido, ...
    ... apetitoso. La fuerte erección del religioso, disimulada por la amplia tela de la sotana, se reforzó de manera casi dolorosa sólo con mirar a la chica. El sacerdote sintió como el líquido preseminal comenzaba a gotear y casi suspiró imaginando su polla entre aquellas deliciosas nalgas que se bamboleaban graciosamente bajo el ligero tejido del ajustado vestido al caminar. En el interior de la sacristía don Julián se sentó y miró rigurosamente a su cohibida feligresa. Ella evitó su mirada, observando nerviosamente la recargada decoración de la sala, adúltera combinación de iconos religiosos y símbolos franquistas. –Has sido una niña mala –le dijo el cura– y voy a tener que aplicarte un justo castigo. Pero recuerda que lo hago por tu bien. ¡Vamos, sobre mis rodillas! Dio la orden palmeándose los muslos. Concha dudó, pero la implacable mirada del sacerdote le impelió a obedecer. Se aproximó a él y se tumbo boca abajo sobre sus piernas. La mano de don Julián se deslizó por el culo de la chica hasta alcanzar el borde de la falda. La remangó hasta la cintura, dejando a la vista los blancos muslos enfundados en las usadas medias sujetas con sendas ligas. La tela de la braga se adhería a los glúteos redondos, rotundos, temblorosos bajo la mano del sacerdote. Deslizó suavemente la delicada prenda y sintió un escalofrío de placer al tacto de la suave piel. Elevó entonces la mano y sacudió un azote. Concha emitió un quejido pero no protestó, encajando el castigo en silencio. Don Julián ...
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