1. Mi hermana me sacó la calentura


    Fecha: 11/09/2017, Categorías: Incesto Lesbianas Autor: ámbar coneja, Fuente: CuentoRelatos

    ... cerveza de pico, tocar la guitarra desnuda en cualquier parte de la casa, comer a cualquier hora y faltarle el respeto a sus profesores. Por eso tranquilicé a mis padres y me la llevé unos días conmigo a mi casa. Como solo tengo una cama de dos plazas, supuse que no habría inconvenientes en dormir juntas. Las primeras noches todo estuvo increíble. Hasta coincidíamos en las películas de trasnoche, en la cena y en los postres. Pero la noche de un lunes feriado, algo cambió entre nosotras. Ya estábamos acostadas en medio de un calor imposible, tapadas con la sábana y bajo la luz de unas velas porque se había cortado la luz. Ella pegaba sus piernas cada vez más a las mías, me tocaba la panza y suspiraba, se movía y me olía el pelo. Yo tenía sueño, y al otro día la oficina me esperaba como siempre. ¡Basta nena, estás re cargosita me parece… dormite que son las tres ya!, le dije somnolienta. ¡No Lore, no quiero dormir, tengo muchas ganitas de, dale, no seas mala!, decía enredando sus dedos a la costura de mi bombacha blanca de seda. No interpreté aquella confesión con la seriedad que lo merecía, y entonces, cuando el sueño me cerraba los ojos siento que una de sus manso apreta mi seno izquierdo, y la oigo suspirar. Le doy un codazo para que se aleje y la rezongo. Parece calmarse unos segundos, porque ahora su mano acaricia mi pierna, mientras oigo como si ella misma se rascara. Intranquila la destapo de un solo tirón, y la veo con su otra mano debajo de su bóxer rojo. ¡Qué te ...
    ... pasa pendeja pajera, por qué no te vas al baño a masturbarte?!, le grité paralizada. ¡Dale mami, estás re perrita con ese vestidito, y ese culo que, mmmm, se me cae la baba!, dijo alterando mis pulsaciones en una mezcla de bronca y confusión. ¡Estás drogada nena?, haceme el favor de dormir, tomatelás al baño para hacer eso!, concluí. ¡Dale Lore, no te pongas así, si te morís por pajearte, como yo, mirame bebé, tocate toda perra!, dijo sonriendo tan cínica como lujuriosa. Le di una cachetada, la sacudí para que reaccione, y hasta le pegué con una almohada intentando sacarle la mano de la concha. ¡haaaay, síiii, pégame hermanitaaaaa, eso me calienta muuuchooo!, decía la pendeja. No sé en qué momento me tironeó el vestidito veraniego que suelo usar para andar en casa, y al verme solo con la bombacha entró en un júbilo sorprendente. Gimió entre feliz y maravillada, se mordía los labios y se los lamía, se chupaba los dedos que sacaba de su sexo, y antes de que yo intente nada se puso de pie, me empujó sobre la cama y me puso las tetas en la cara. ¡chupalas Lore, mirá cómo me pusiste loquita, mordeme los pezones!, me imploraba mientras apretaba sus piernas cruzadas y me embriagaba con su aliento desbordado. No sabía por qué caí en sus redes con tal simpleza, ni si debía detenerla. Pero una vez que mi saliva y sus pezones se fundían en mi boca, no quería soltarlos, ni ella esperaba que lo hiciera. Le toqué el bóxer cuando me pidió que le frote la concha, y lo tenía mojadito. ¡pajeame ...