1. Mi extraño regalo de cumpleaños


    Fecha: 01/01/2018, Categorías: BDSM Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... ama, es decir, mío. Tú eres mi esclava o algo así. ¿Voy bien? - Mas o menos. Sí, vas bien. Una oleada de rubor me invadió toda la piel, desde la punta de los dedos hasta mi rostro. A ella lo que la invadió fue... una intensa humedad en su vagina. Se dio cuenta y cruzó los muslos dejando mi semáforo particular fuera del interior de su sexo. Continué: - Te dice que debes ser azotada... bueno, no. Que debes cumplir sus órdenes y hacer lo que ella te diga, ya que obedece instrucciones de tu ama. - Sigue. Para no perder el contacto le puse la mano en su trasero acariciándole el agujerito del ano. Ella se dejó, señal de que iba por buen camino. - Te llevó a tu cuarto. Te hizo enseñarle tu ropa interior. ¿Le gustó la que llevabas? - Eso no vale. Tienes que adivinar. Me arriesgué. Le dí exactamente la versión del relato: - Te la hizo cambiar por otra más sexy. - ¿Cual? Me había puesto en un aprieto. Ella tenía lencería muy bonita pero... me acordé de su pasado cumpleaños. Yo le regalé un conjunto retro, con una braga-faja que le llegaba al ombligo, muy años cincuenta, y muy parecido a uno mío que le encantó. ¿Recordáis el anuncio de Bacardí, el de la chica que se tira al agua? Pues casi idéntico. - El blanco de tu cumple. - ¿Y que más? Me estaba probando. Sin embargo, sin querer ¿o queriéndolo? se delataba. Movía imperceptiblemente el culito, señal inequívoca de que se estaba poniendo muy, muy caliente. - Te hizo poner medias y atarlas a los ligueros de la braga. - A eso no me ...
    ... refería, te olvidas algo. Estúpida de mí. Ni me acordaba: - Antes te magreó las tetas y el sexo. Te hizo daño con los apretones pero te excitó. Su culito se movió claramente buscando el roce de mi dedo. ¡Bien, Inés! - Sigue. Ahora venía lo difícil. En mi cuento todo sucedía en mi casa donde hay un gimnasio y una sauna, y la sicaria hacía sudar a su víctima con ella. Su piso era un apartamento precioso pero limitado. Quizás careciera de importancia pero tenía la imperiosa necesidad de acertar. Así que improvisé con prudencia y una cierta dosis de indefinición: - Te obligó a sudar. - Sí, ¿pero como? Seguía por el buen camino. Ahora casi solo se trataba de encontrar una aguja en un pajar. Veamos, MJ solía correr por las noches por la plaza y alrededores. Eso no. ¿No practicaba ningún otro deporte? No lo creo, me lo hubiera dicho. ¿Pesas? ¿gimnasia? Seguía muy caliente, pero si no decía algo pronto se me enfriaría. - ¿Lo sabes o lo dejamos? - Abdominales. Te encerró en el baño lleno de vapor, saliendo agua caliente a chorro por la ducha y te obligó a hacer abdominales. - Bueno, eran flexiones también pero sí. Sigue. ¡Ufff!, pensé. Lo de la ducha fue lógico pero lo del ejercicio totalmente improvisado. Venga Inés; que es tuya: - Saliste totalmente extenuada y transpirando a mares. Las ropitas y las medias hechas un asco. Tu pelo chopado. ¿A que sí? Como no contestó seguí. Ahora venía algo fácil: - La tía estaba en camiseta. Una de esas de la NBA. No llevaba nada debajo. Las piernas, ...
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